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28 de septiembre 2006 - 00:00

"Rosario tijeras"

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Flora Martínez, la bella e inquietante sicaria de narcotraficantes colombianos, protagonista de un film a veces deshilvanado, pero que mantiene su interés casi a todo lo largo.
«Rosario Tijeras» (Col.-Mex.-Esp.-Fr.Br., 2005, habl. en español).Dir.: E. Maillé. Guión: M. Figueras, sobre novela de J.F. Ramos. Int.: F. Martínez, U. Ugalde, M. Cardona, R. Oviedo, A. Arias, A. Cox, C. Aristizábal, A. Borrero, J.D. Restrepo.

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En el baño de una discoteca, la joven protagonista discute con un sujeto. De pronto, sin perder su enojo, lo besa con ganas y le mete un par de balazos, gritando «¡Ya dije que ni de mi madre soy! Lo explico, lo explico, y no me escuchan. ¡Respeto quiero!». Acto seguido sale y les dice a dos amigos «Vámonos, ya me aburrí».

En otra escena, donde hay algo así como una fiesta familiar, un petiso se entretiene asustando con su revólver a un fulano recién llegado, y asusta hasta al mismo público, hasta que interviene uno menos agresivo diciéndole «Ya, deja de aburrir a las visitas».

Por cierto, esta película no deja aburrir ni a los muertos, porque a uno, ya cadáver, se lo llevan en auto en una ceremoniosa «última rumba» con una striper que le baila encima bien desnuda, y todo eso. Otros tienen una despedida más expeditiva, ya que la protagonista es una linda sicaria de los narcos de Medellín, que despide a sus víctimas con un beso. «Tan poquita cosa no se le niega a nadie», dice. Ella es muy linda. La película no tanto, y algunas partes parecen deshilvanadas, pero mantiene su interés casi a todo lo largo. Hay que confesarlo: el mayor interés reside en la actriz Flora Martínez. Linda tipo Natalia Oreiro pero más mullida, y manejadora, minifaldera, muy de subir las escaleras cuando la cámara está detrás suyo, a veces una criatura que dan ganas de protegerla, a veces mejor mudarse de barrio.

Las escenas de tiros son eficientes, las de sexo, abundantes. La historia se ambienta a fines de los '80, según novela de Jorge Franco Ramos adaptada por el argentino Marcelo Figueras, y permite advertir, de paso, ciertas tensiones de clase social (aunque todos vayan a la misma disco), un uso particular del voseo, una gentil actuación del independiente norteamericano Alex Cox, y un director, el mexicano Emilio Maillé, que evidencia muy buen oficio, siendo ésta su primer película con actores. Antes se lució en documentales sobre toros y toreros. Un filósofo.

P.S.

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