«La Royalle» del
showman y
luthier Salvador
Trapani fue uno
de los
espectáculos más
aplaudidos (junto
a «Mantua» del
grupo porteño
TSO y «Otra vez
Marcelo» del
boliviano César
Brie), del Festival
Internacional de
Salta que cerró
ayer con Los
Macocos.
Salta - Con Los Macocos y su ya clásico «La inolvidable historia de los hermanos Marrapodi», cerró ayer el Festival Internacional de Salta, que durante una semana convocó a 4.000 espectadores. Si bien, muchos espectáculos ya pasaron por Buenos Aires, como el TSO (Teatro Sanitario de Operaciones) con «Mantua» o «No me dejes así» de Enrique Federman, la muestra trajo a estas tierras teatro alternativo.
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El de Salta se suma a seis festivales que se vienen realizando desde el 29 de septiembre, en gestión conjunta entre el Instituto Nacional del Teatro y los diferentes gobiernos provinciales y municipales. El INT suele pagar cachets a los elencos y parte de los traslados, mientras el gobierno de cada provincia o municipio se ocupa de la logística y hotelería. Lo más osado es lo de los grupos «Bichos» de Brasil y «Don Qui» de Francia que recorren estos festivales en motorhome y culminarán su recorrido en Ushuaia.
Ya pasaron el Festival Andino de Mendoza, con 5.800 espectadores, el Infanto Juvenil de Córdoba, con 20.300 asistentes, el de Rosario, al que concurrieron hasta ahora 4.000 espectadores y el de Salta, con la misma concurrencia. El programa continúa esta semana en Corrientes, con teatro infantil y cierra con el festival en Ushuaia. Estos festivales marcan el punto culminante de la gran cantidad de fiestas y festivales provinciales y regionales que se realizan durante todo el año con el objetivo de promover el teatro independiente, así llamado por su bajo presupuesto para la producción, más allá de su estética más o menos « alternativa».
Por caso, en Córdoba se realizaron este año 60 festivales entre las diferentes ciudades y pueblos. El dinero con el que colabora el INT surge de un porcentaje que destina cada mes Juegos de Azar y otra parte del Comfer.
Conforme transcurría el festival en esta ciudad, se acentuaba el contraste en el nivel de los diferentes espectáculos, ante un público que asiste y se entrega, aunque no derrocha aplausos si sale de la sala decepcionado. Fue el caso del grupo tucumano «La rendija», que presentó «Como la que se extravió», una obra de teatro danza con buena técnica de sus intérpretes, bella puesta, interesantes imágenes pero demasiado pretenciosa conceptualmente.
No obstante, la noche anterior se había ovacionado en la carpa a la críptica «Mantua», del TSO, un espectáculo con algo de teatro aéreo.
También fueron aplaudidos los títeres del grupo salteño «La faranda», que ofreció la enésima adaptación del Martín Fierro, con un didactismo exacerbado que los llevó a poner una «carita» de Sarmiento para dejar clara su postura frente al polémico prócer. Si bien aclaraban que era una obra de títeres para adultos, el tono muchas veces resultó pueril. Lo mejor llegó luego de la obra, donde los dos titiriteros mostraban su indiscutible habilidad para manipular a los más de veinte simpáticos personajes, mientras son ellos quienes en vivo los dotan de voz y vida.
Más pedagogía hubo la noche anterior con el boliviano César Brie, y su recreación -algo extensa por cierto- de la vida del artista y político boliviano Marcelo Quiroga Santa Cruz en «Otra vez Marcelo». Resultó uno de los espectáculos más ovacionados por el público. A
La del sábado fue la noche más circense, con un público predominantemente familiar, en la misma carpa que el domingo a la madrugada vibró al ritmo de la electrónica para la «rave» de cierre. Brilló allí el luthier y showman rosarino Salvador Trapani con su espectáculo «La Royalle», que bien podría presentarse en cualquier teatro de Buenos Aires pues se inscribe en los hoy tan vigentes «varieté» y «stand up». Trapani tiene un buen manejo del público, al que cautiva extrayendo sonidos de los instrumentos más raros que se puedan imaginar, y que él mismo crea. Por ejemplo, con el «charangüí», un charango confeccionado con una lata de yerba y la «grifería» (campanas de grifos), tocó «Memories» de «Cats», con el «serrucho musical» ofreció «Adiós Nonino», la «maltería» (barriles de cerveza) deparó un momento tribal, y al cierre un desopilante vals, con conchas marinas y sorbetes.
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