«Santa Cláusula 2» (EE.UU., 2002, dobl. al español.) Dir. M. Lembeck. Int.: T.All en, J. Reinhold, W. Crewson, E. Mitchell.
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"¡L a Navidad está en peligro!", advierte desde los afiches la promoción de esta película. Difícil saber si la frase es sólo un gancho para los pequeños espectadores, o acaso también expresa una sincera preocupación, porque con una de éstas en cartel, y todas las que pasan por TV -y todas igualmente zonzas, largas y cursilo nas- en cualquier momento los propios niños pueden salir a cascotear papanoeles.
Aparte, ya sabemos lo que dice el refrán acerca de las segundas partes. En tren de sincerarse, la promoción hubiera agregado, por ejemplo, «¿Qué tan floja es la segunda parte de una película floja?» (siempre hay alguien dispuesto a comprobarlo). La lástima, es que esta continuación pudo ser un poquito mejor que la primera, y ni eso logra. Por torpeza, arruinan incluso una atendible idea argumental.
Esta es la idea: ahora, por otra cláusula, el tío convertido en Papá Noel debe buscar una novia y casarse de apuro, antes que den las 12. Pero mientras la busca, un clon le militariza el Polo Norte. Se trata de un robot de plástico, que quiere pasar de suplente a titular mediante un golpe palaciego, y, en vez de juguetes, mandarles un pedazo de carbón a todos los chicos que se portan mal. Quizás alguien pensó hacer un chiste sutil, porque en el momento clave el monigote luce un uniforme de gala similar al de Saddam Hussein, pero, en todo caso, el chiste queda perdido en la estratósfera.
Mejor es el discurso del jefe de los duendecitos, preparando a los pequeños para el cambio de imagen del Gran Gordo, con frases tipo «lo importante es que se sienta bien, y, sobre todo, no mencionen la palabra plástico», igual que se les aconseja a los niños, cuando alguna parienta se hizo la cirugía. Fuera de eso, y de muy leves ráfagas de emoción en apenas un par de oportunidades (y más leves en otro par), y un poco de acción hacia el final, el film es francamente aburrido, y los intérpretes son poco y nada compradores. Para colmo están doblados, y al del doblaje no le sale bien ni el clásico «jo,jo,jo».
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