«Sé quien eres» (Sei quen es, España-Argentina, 2000, habl. en español). Dir.: P. Ferreira. Guión.: I. Paris, D. Fejerman, P. Ferreira, E. Jiménez, M. Gutiérrez Aragón. Int.: A. Fernández, M.A. Solá, R. Enríquez, I. Rubio, M. Sampietro, H. Alterio, J. Dauder, V. Peña, L. Tosar.
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Q uien haya visto, meses atrás, «El alquimista impaciente» (donde un oficial y su linda asistenta investigan la muerte de un ingeniero nuclear en circunstancias de adulterio), recordará a su directora Patricia Ferreira, una profesional de probada solidez, aunque todavía con relativa suerte en materia de argumentos. «El alquimista...» era una señalable muestra de cine de intriga, con interesante trasfondo y buenos personajes, pero también con problemas de engarce y de ritmo que terminaban diluyendo el interés del espectador.
Era, también, la segunda película de esta realizadora, y ya se sabe que la segunda suele ser, en muchos casos, un poco decepcionante respecto a la anterior. Ahora, tras algunas apariciones previas, hace un año en un ciclo de cine europeo, y hace dos semanas en otro específicamente gallego, se estrena la primera, que responde al atractivo titulo de «Sé quien eres» (en su original, «Sei quen es»). Con mucho mas nervio, una intriga mas movilizadora, una relación en la pareja central todavía mas movilizadora, mejor pulso, y también -qué lastima-una trabajosa serie de confusiones argumentales, y una resolución parcial que parece forzada.
La resolución final, por suerte, es bastante mejor. Las fuentes de inspiración parecen ser una oscura época del tardo-franquismo, y dos clásicos luminosos: «Cuéntame tu vida», de Alfred Hitchcock, y, más vagamente, «El secreto», de Robert Enrico. Así, una agradable psiquiatra llega a un pequeño hospital, apacible, perdido en el bosque, y entabla buena relación con uno de los pacientes, un atractivo amnésico, medio picaflor, cargado de energía. Y esa energía, al tipo le brota con ganas cuando de pronto le cae una ficha, y peor todavía cuando otro tipo con pinta de cana quiere hacerse el guapo con su doctora.
A partir de ahí, se suceden naturalmente fugas, seguimientos, tratamientos sui generis en un hermoso refugio campestre, gente sospechosa, carrera contra el tiempo, la médica que se pone a investigar diarios viejos en una biblioteca pública, música inquietante, y demás recursos del género, incluyendo, desgraciadamente, varias situaciones y explicaciones medio agarradas de los pelos, lo que de algún modo también forma parte del género. En todo caso, al final la mayor gratificación termina siendo para los anti-franquistas y/o antimilitaristas, y para las seguidoras de Miguel Angel Solá, que bien se luce desnudo, trompeándose, sufriendo al recordar las macanas que hizo su personaje, y poniendo en todo su mejor cara de loco. No digamos que salva la película, pero es de los que la hacen valer.
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