2 de octubre 2013 - 23:45

Sebastián De Caro: "En el mundo es muy poco usual que el cine tenga financiación del Estado"

Sebastián De Caro
Sebastián De Caro
El público puede reconocerlo como actor, columnista o, incluso, escritor. Sin embargo, Sebastián De Caro prefiere definirse como "director de cine". Justamente por ello y de cara al estreno de su película "20.000 besos", ámbito.com dialogó con él. La comedia romántica que cuenta en su elenco con Gastón Pauls, Walter Cornás, Carla Quevedo y Eduardo Blanco, aborda la situación de un treintañero recién separado que se enamora de quien menos espera, una compañera de trabajo algo infantil y despistada. Evitando prejuicios que pululan dentro y fuera del séptimo arte, De Caro se refirió a esta historia, el cine nacional, Hollywood y más.

Periodista: ¿Cómo surge la historia de "20.000 besos"?

Sebastián De Caro: Era un guión que se empezó a gestar en el año 2007. Con Sebastián Rotstein, que es el guionista, tratamos de contar una historia que tuviera que ver con el barrio de Villa Crespo y con qué pasa cuando un tipo se separa a los 30 y está a medio camino entre seguir para los 40 o dar marcha atrás para "la vida loca".

P.: ¿Y del 2007 hasta acá cómo fue el camino para llegar al estreno?

S.D.C.: En 2009 contactamos a la gente de Aeroplano, tomaron el guión y comenzaron a llevarlo adelante, buscamos el elenco, financiación, cartas de intención y todo eso para que progrese.

P.: ¿Tal como en la película, cree que puede pasar que entre dos polos tan opuestos se dé una historia de amor?

S.D.C.: Yo creo que, más que dos opuestos, siempre lo que uno reconoce en el otro y lo termina enamorando es que es muy diferente a lo que es uno, porque sino no hay crecimiento. La naturaleza es sabia: si estás mal de la cabeza, te enamorás de vos mismo, que es un problema, porque no te va a aportar absolutamente nada; si estás más o menos bien encaminado, hay detalles de otra persona que te pueden empezar a llamar la atención. En ese sentido, es lógico que asociemos el estado de enamoramiento con el despiste, con la pavada o la falta de inteligencia, porque justamente no se maneja con patrones intelectuales sino con cuestiones medio inexplicables. Y a todo lo inexplicable le atribuimos cualidades medio sospechosas.

P.: Y usted, que se maneja dentro del ámbito del arte y la cultura, ¿podría enamorarse de una mujer así de distinta?

S.D.C.: Sí, claro. Miles de veces me enamoré de mujeres así. Es más: estaría bueno que me deje de enamorar de mujeres así porque, la verdad, es bastante poco aconsejable. Me ha pasado, tuve la fortuna de que la variedad de compañeras que he tenido (ocasionales o fijas) fueron de ámbitos muy diferentes. No es que sólo me gusta la gente del cine...

P.: Pero hay un prejuicio sobre esto...

S.D.C.: No lo tengo. Es lo mismo que yo diga que a los odontólogos nada más le gustan las odontólogas. Yo me puedo llegar a enamorar de una chica que trabaja de secretaria en una cancha de fútbol 5 o en un gimnasio.

P.: ¿Cómo ve el cine argentino, respecto a subsidios y promoción?

S.D.C.: Nosotros tenemos un escenario muy poco usual, que es que el cine tenga una financiación del Estado, que haya una política que se preocupe. No estoy hablando particularmente de este Gobierno, es histórico desde que existe el INCAA. Hay lugares donde no existe algo parecido al Instituto. En ese sentido, me parece muy bien. Después, cada gestión tiene su línea editorial puntual. Igualmente creo -y esto tiene que ver con algo que excede a las gestiones- que el hecho de que "El secreto de sus ojos" haya sido una película tan reconocida en el mundo trajo a los géneros más de vuelta.

P.: ¿Y como espectador le gusta el cine local?

S.D.C.: Sí, hay directores que admiro muchísimo. Damián Szifrón, Ariel Winograd, Gabriel Medina, Adrián Caetano, Lucrecia Martel, me encantan.

P.: ¿Y Hollywood qué opinión le merece?

S.D.C.:
Depende de qué entendamos por cine de Hollywood: ¿"The Master", de Paul Thomas Anderson o "Transformers 4"?; "Gravity", de Alfonso Cuarón o una comedia chota, de quien sea? Es muy difícil, porque cine de Hollywood es todo, en su expresión más artística o en su expresión más pueril. Yo elijo lo bueno, pero Hollywood es la "Premier League" del cine.

P.: O sea que, a la hora de ver una película, no lo frena lo políticamente correcto.

S.D.C.:
No, para nada. Hacen el mejor cine del mundo... y el peor también.

P.: ¿Premios como el Oscar o festivales como San Sebastián o Cannes, le interesan?

S.D.C.: Cannes está cada vez es más abierto al cine industrial pero se ha vuelto una plaza mucho más fashion que lo que es el Oscar. El Oscar no te digo que quedó grasa pero está cerca de eso. Me encantan, cualquiera al que le guste esto por lo menos se divierte yendo una vez, curioseando. No es por lo que uno hace una película pero es muy divertido.

P.: ¿Cuál sería su máxima aspiración dentro del séptimo arte?

S.D.C.: Hacerlo cada vez mejor. Corregir con la película que viene los errores de la actual. Crecer como director, en el sentido más religioso de la palabra. Hacer muchas películas y cada vez un poco mejor, aprendiendo sobre mi propia experiencia.

P.: Si bien está estrenando su película, su costado polifacético, entre el cine, el teatro, la radio y la televisión, hace difícil definirlo, ¿cómo lo haría usted?

S.D.C.: Director de cine. Si pudiera hacer solamente esto y no hacer nunca más ninguna de las otras cosas, lo haría.

P.: El hilo conductor en todos estos trabajos es que usted tiene algo que decir, ¿qué opina del tiempo que se le da en los medios a aquellos que no tienen nada que ofrecer?

S.D.C.: Es muy triste. Se supone que si voy a ver a Boca es porque voy a ver a Riquelme hacer algo que no se puede ver en Open Gallo. Cuando veo gente que no tiene la más mínima responsabilidad al estar frente a una cámara, en la radio o escribiendo, me parece lamentable. Supuestamente, uno se tiene que hacer cargo de que está ahí porque se preocupa más que la tía de uno por opinar algo en televisión. Que se asuman ignorantes, es lamentable. A veces veo animaladas y parece que pasa a ser de nicho hablar de J.D. Salinger. Ahí me dan ganas de agarrar un tanque y pisar muchos lugares. Entonces, cambiás el terreno de la discusión, y decís 'voy a ir a discutir los temas que me interesan a un ámbito más noble para esa discusión' porque no puedo cambiar la historia del mundo con un programa de radio ni con un libro. Evidentemente no hay lugar, hay lugar para otra cosa.

P.: ¿Usted sintió alguna vez que no había espacio para hablar de lo que usted quería?

S.D.C.:
No hay espacio pero no porque es malo el director de ese lugar, sino porque la masa de consumo crítico es tan pequeña en Argentina que la única manera de que algo sea exitoso en el país es que llegue a toda la gente. Entonces, una película que hace 100 mil espectadores es un fracaso, porque la única validez es un millón y medio. El problema es que no hay renovación, no hay crecimiento, no dejan correr riesgos.

Entrevista de Guadalupe Rivero

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