"Seres queridos"

Espectáculos

«Seres queridos» (Esp.-Arg.GBPort., 2004, habl. en español).; Guión y dir.: T. de Pelegri & D. Harari. Int.: N. Aleandro, G. Toledo, M. Botto, M. Aguilera, M. Berliner, R.Koite y otros.

Resulta muy gracioso y gratamente conciliador, este sainete madrileño centrado en un clásico episodio de la vida familiar. El siempre incómodo momento en que la hija mayor viene a presentar a su novio, esperando la aprobación, o resignación, y en todo caso el respeto, de los suyos.

En esta historia, los personajes integran una familia judía bastante singular, por no decir otra cosa: madre típica, para quien ningún yerno puede ser bueno, abuelo chicato con escopeta, muy orgulloso de su pasado militar, hija menor ninfómana y madre soltera, con una nena bastante metida, hijo adolescente fundamentalista, un pato en el baño a modo de mascota, y todavía falta que aparezca el padre, a ver si hay alguien con cabeza.

Es viernes, y justo cae de visita la hija mayor, la única lúcida, ejemplar, y medianamente exitosa, que viene a presentarles al novio. Pintón, bien educado, bien plantado, profesor universitario, nacido en Jerusalén. Sólo hay un pequeño detalle: nació del lado palestino. Si se quiere sumar otro problema, tenemos uno: de puro comedido, el visitante quiere ayudar en la cocina y, no diremos cómo, parece que termina matandoa un peatón desconocido. Que de pronto desaparece. Y capaz que es el padre.

En resumen, disparate que salpimenta la comedia de costumbres con variados toques de humor negro y de sátira política, todo ágilmente a cargo de
Norma Aleandro y Guillermo Toledo («Crimen ferpecto»), las atendibles María Botto y Marian Aguilera, Max Berliner, etc., hasta la negra Ramata Koite, «Seres queridos» resulta un pasatiempo muy simpático, de esos que se pueden ver hasta dos veces, y un buen testimonio de los tiempos actuales. Lástima que también tenga sus imperfecciones. Sobran nerviosismo en algunos planos y movimientos de cámara, cuando ya para nerviosos tenemos a los personajes. La música suena un poco más alta de lo necesario, aunque mucho agrada la escena en que la ninfómana, muy suelta de cuerpo, baila árabe con el cuñado. Y el final de todos felices se resuelve de modo muy apresurado, como que había que terminar a los 90 minutos y punto.

Entre otras cosas, nunca sabremos qué pasó con el pato, una vez que abandonó por propia cuenta esa casa de locos, ni qué pasará con la vietnamita que interpreta
Esther Voong, que acaso entre a poner un poco de armonía e integración. Como la que tienen la catalana Teresa de Pelegri y el inglés Dominic Harari, que se conocieron en Nueva York, se casaron quién sabe dónde ni por qué rito, y hoy trabajan en España. Esta es su primera película, y ha sido significativamente hecha en coproducción hispano-argentino-anglo-portuguesa.

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