23 de mayo 2007 - 00:00
"Shakespeare escribió diálogos y no por eso no es un literato"
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Amor más allá de la muerte y sátira laboral en "Un fantasma a su servicio"
El escritor
mexicano, que
visitó nuestro
país para
presentar su
obra narrativa,
sigue con su
cruzada a
favor de
«replantear el
conflicto de la
autoría en el
cine», que
terminó con su
sociedad
artística con
Alejandro
González
Iñárritu.
G.A.: La Sogem (Sociedad General de Escritores de México) a partir de mi propuesta de eliminar las palabras guión y guionista, decidió erradicarlas. Ahora se dice escritor de cine, libro cinematográfico, taller de escritura de cine. La guión y guionista son palabras peyorativas, e invito en la Argentina a que Argentores las elimine también. Guionista es quien hace guías, y un escritor pone un cuidado especial en la obra, en el lenguaje, en la estructura, en los capítulos o escenas. No sé si a alguien le gusta ser considerado creador de guías; a mí, no. Me siento orgulloso de ser un escritor que ha podido contar historias en otro medio sin hacer concesiones. Y los reconocimientos que me han hecho me ha permitido señalar la posición del escritor en el cine.
P.: ¿Encuentra diferencias entre escribir para el libro o para la pantalla?
G.A.: Yo no dejo de hacer literatura. A alguien que hace teatro no se le cuestiona si está haciendo o no está haciendo literatura. A Shakespeare o a Beckett no se le cuestiona si eso es literatura. ¿Por qué a la dramaturgia del cine sí? Sobre todo en una obra tan personal como la que realizan algunos, entre los que me incluyo, que desarrollan historias propias que son parte de un corpus de obra. Invito a que lean mis novelas y vean lo que escribo en cine y verán la cantidad de vasos comunicantes, de preocupaciones estéticas y éticas que hay.
P.: ¿A qué se refiere con preocupaciones estéticas?
G.A.: Pongo tanto cuidado en el lenguaje, la estructura, la construcción de los personajes en mis guiones como cuando escribo una novela. Desde el comienzo busqué llevar estructuras literarias al cine.
P.: ¿Es su preocupación central?
G.A.: Lo central es mostrar las paradojas de la experiencia humana. Me gusta tratar del peso que los muertos tienen sobre los vivos, cómo a partir de un duelo, que mutila una parte nuestra, reelaboramos nuestra identidad. Si trato del amor, de encuentros y desencuentros, es porque es el fundamento de la experiencia humana.
P.: ¿Escribe del mismo modo para el libro que para la pantalla?
G.A.: Me siento un contador de historias que elige el medio más adecuado para expresarlas: la novela, el cuento, el libro para cine. Cada historia empuja a un modo distinto de ser contada. Cuando me pongo a escribir tengo bastante en claro adónde busco llegar, aunque a veces no lo logre... y después eso me sirva.
P.: ¿Cómo es eso?
G.A.: «Amores perros» salió de dos novelas frustradas y que tenían que ser visuales y mis novelas parecen visuales pero son interiores, anticinematográficas, van hacia el interior de los personajes. Eso se ve claramente en «Un dulce olor a muerte» o en «El búfalo de la noche».
P.: Eso que señala como vasos comunicantes entre sus obras...
G.A.: El cuento «En paz» es el origen de «21 Gramos». En el mismo libro, «Retorno 201», está el origen de «Amores Perros». «El búfalo de la noche» es el origen de « Babel». «Un dulce olor a muerte» es el origen de «Los tres entierros de Melquíades Estrada», la película que dirigió Tommy Lee Jones. Hay en todos los casos preocupaciones vitales semejantes.
P.: ¿Cómo hace para escribir y, a la vez, producir, dirigir, andar por el mundo, salir de caza...?
G.A.: El que tiene que contar algo lo cuenta, y si no se le queda en la garganta y lo envenena. Mi primer libro lo escribí a los 24 años, hace 25, es decir que ya tengo mas de la mitad de mi vida escribiendo permanentemente. Y había escrito antes alguna obra de teatro. Quizá esa experiencia es la que me ha llevado a pelear por el papel del escritor en los medios. Y algo se va logrando. Creo que la gente va cambiando, que ya aprendió a decir: voy a ver una película de Charlie Kaufman, o de Sam Shepard, de Paul Auster o de Arriaga.
P.: A usted en esa pelea lo marcó que Paul Auster hubiera logrado aparecer como autor en la película «Cigarros».
G.A.: Hablé de eso con Paul. Le dije: «Gracias por esa lucha». Me dijo: «No fue mía, fue de Wayne», y me contó la verdadera historia. Fue de Wayne Wang, el director, decir que era una película de ambos. Y luego me he ido encontrando con directores en todo el mundo -suizos, alemanes, franceses, iraníes, norteamericanosque me dicen: tienes toda la razón.
P.: Ya se sabe de sus enfrentamientos con el director de «Babel», pero ¿cómo le fue con Tommy Lee Jones y su «Los tres entierros de Melquíades Estrada»?
G.A.: Gané la Palma de Oro al mejor escritor en Cannes, y Tommy Lee, la de mejor actor. Soy el primer escritor que tuvo dos películas en competencia oficial seguidas y que ganan premios. «Babel» un premio y «Los tres entierros», dos.
P.: ¿No le molesta el haber sido más premiado con su cine que con sus libros?
G.A.: En novelas y cuentos nunca entré en competencias ni concursos. Mi mayor premio es que mis libros se publican todos los años y esas ediciones se agotan. «El búfalo de la noche», que tuvo una primera edición de 10 mil ejemplares, los primeros 5 mil se agotaron el día que salieron a las librerías. Voy por la traducción 14 de mi obra, luego del inglés, francés, portugués, etcétera, ahorita estoy traducido al hebreo, al serbio, al rumano, al polaco. Un premio es que un crítico alemán, después de haber leído «Un dulce olor a muerte» haya escrito que ahora entendía la gestación del nazismo, cómo todo un pueblo que sabe que algo es mentira lo va asumiendo como su fuera verdad porque les conviene. Escribió: «Con esa novela mexicana rural pude comprender qué sucedió con mi pueblo».
P.: ¿Se propone pasar a la dirección cinematográfica?
G.A.: John Huston decía que dirigir es el siguiente paso natural a escribir; es llevar las ideas con mayor control. Yo he dirigido documentales y cortometrajes, así que no me falta preparación. Vengo teniendo charlas al respecto, pero aún no estoy totalmente decidido, por lo pronto he comenzado a producir cine, porque quiero que se respete la esencia de mi relato y quiero tener control sobre lo que va sucediendo. En agosto sale la versión cinematográfica del «El búfalo de la noche», que dirigió Jorge Hernández, un venezolano que vivía en Polonia y estudió en la Escuela de Lodz, al que contraté para este film.
Entrevista de Máximo Soto



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