Con el regreso de Pedro Pablo García Caffi como director de producción artística, la Camerata Bariloche se está reubicando y recuperando la categoría que su trayectoria merece; una gira por los principales teatros del país, la grabación de un nuevo CD y un concierto mensual en el Colón en horario central, son los primeros logros en esta etapa. La integral de los históricos «Conciertos Brandeburgueses» de Johann Sebastian Bach es otro de los objetivos propuestos. En este concierto se hicieron dos. El N° 1 en Fa Mayor BWV 1046 agrega a las cuerdas un conjunto de intrumentos de viento, y entre todos hicieron una versión cuidada y académica, con un adecuado equilibrio y ajustados a partitura.
En el N° 3 en Sol Mayor BWV 1048 hubo mayor dinámica y contagioso entusiasmo, precisión en las entradas y en los contrastes, y una labor destacable en los violoncelistas: el francés André Mouroux, el ruso Sviatoslav Poloudine y el suizo Viktor Aepli, en el mandálico «Allegro final». En los dos casos fue relevante la partiticpación de la clavecinista Viviana Lazzarín. El uruguayo Fernando Hasaj, actual director musical de la Camerata, exhibió gran parte de su arsenal técnico y musical como solista del « Concierto en Re Mayor» de Félix Mendelssohn, que el autor compuso en su adolescencia e imprimió en su música todo un ardor juvenilque la Camerata expresó con elocuencia. Como el otro objetivo de esta etapa es abrirse a nuevo repertorio y experiencias, participará en la ópera «Ariadna en Naxos» de Richard Strauss, y en esta velada tocaron maravillosamente bien la Suite «Pulcinella» de Igor Stravinsky, con sus once danzas a cual más atractiva y mejor expuesta. La participación del flautista Claudio Barile, de los oboístas Andrés Spiller y Rubén Albornoz, así como la de Fernando Ciancio, contituyeron al éxito rotundo logrado por la apreciada Camerata Bariloche.
• Anna Goldsworthy
La Embajadora de Australia tiene un nuevo destino y deja nuestro país. Se despidió invitando a un concierto en el espléndido salón central del palacio Errázuris, presentando a la joven y bella concertista de piano australiana Anna Goldsworthy, en la víspera de su presentación en el Colón como participante del Festival Internacional de Música de Buenos Aires (FIMBA).
Hacía tiempo que no se escuchaba por aquí a una pianista de tal refinamiento y elegancia musical, desde los tenues toques del «Andante Spianato» de Chopin, que precede a la patriótica Polonesa, al encanto y poesía otorgado al Nocturno N° 8 en Re Bemol, ya tenía subyugado al público.
Sus delgados dedos apenas rozaban las teclas para hacer surgir los «Jeux d'eau» de Maurice Ravel, pero luego adquirían potencia sonora para la transcripción de Pletnev del Andante Maestoso del ballet «Cascanueces» o la cabalgata de «El rey de los alisos» de Schubert.
Acalló la prolongada ovación con una paráfrasis de Liszt sobre la ópera «Rigoletto» de Verdi que fue apoteótica. Ojalá vuelva pronto, nuestro público lo merece.
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