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23 de abril 2008 - 00:00

"Sin rastros"

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«Sin rastros» («Untraceable», EE.UU., 2008, habl.en inglés).Dir.: G. Hoblit. Int.: D. Lane, B. Burke, C. Hanks, J. Cross.

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La premisa básica de este psycho-thriller de la era cibernética es muy buena: un loco secuestra gente y la filma en vivo en Internet en trampas mortales que se accionan a medida que el sitio es visitado por el público. Si nadie quisiera ver morir una persona en directo, no pasaría nada, pero millones de cómplices del asesino aceleran más y más cada ejecución.

Lamentablemente, el desarrollo de esta idea terrorífica pero interesante como ejemplo extremo de la locura que provoca la red de redes no tiene demasiado rigor. En un comienzo parece un film más o menos sobrio de suspenso, con Diane Lane tomándose muy en serio su papel de investigadora de crímenes cibernéticos del FBI. Luego cambia de tono y degenera en un alocado clima de film de terror con personajes actuando tan estúpidamente como las víctimas adolescentes de cualquier secuela o copia de las masacres de Jason u otro demente enmascarado de la década de 1980.

El guión tiene puntos débiles increíbles, como por ejemplo mostrar cómo una profesional en delitos cibernéticos lleva trabajo a su casa y comparte con su nena de 8 años la misma PC con la que monitorea e infiltra todo tipo de aberraciones patológicas, con los obvios resultados del caso. Al menos las trampas del psicópata con algo que decir sobre el morbo del público y las corporaciones que lo alimentan siguen el desacarrillamiento general de la trama, lo que ayuda a que las trampas se parezcan a las que intentaban matar a Batman en la vieja serie pop de los años '60.

Como película de terror poco seria, no tiene muchos sustos de temer, aunque el nivel de truculencia tiene algunos méritos creativos que logran que la intensidad no decaiga. Diane Lane ayuda a mantener la atención al conjunto sin reírse mucho de los agujeros negros del guión, igual que el cuidado general de todos los rubros técnicos. Eso sí, aquellos miembros del público apasionados por los gatos, directamente no deberían ni acercarse al cine. Es que muchas veces es más fácil ver cómo liquidan gente, que si la víctima es un lindo gatito.

D.C.

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