25 de abril 2007 - 00:00

"Somos etnias: es muy raro tener amigos en el Cirque du Soleil"

Gabriel Chamé, el clown argentino que integra el elencodel Cirque du Soleil, y que ahora presenta un espectáculopropio.
Gabriel Chamé, el clown argentino que integra el elenco del Cirque du Soleil, y que ahora presenta un espectáculo propio.
Aprovechando su año sabático con el Cirque du Soleil (fue la gran estrella cómica de «Quidam» durante cuatro años), Gabriel Chamé está en Buenos Aires para ofrecer una temporada de tres meses con su último espectáculo, «Llegué para irme», el mismo que presentó en Francia en 2006. El estreno está previsto para el 27 de abril en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza.

Chamé fue miembro fundador del «Clú del claun» la banda de payasos que en los '80 revolucionó el género. Hoy sigue manteniendo una estrecha relación con sus ex compañeros («cada vez que vengo hacemos un asadito»), y no descarta que vuelvan con un nuevo show. Chamé adquirió la nacionalidad francesa, pero últimamente pasa la mayor parte del tiempo en Madrid actuando, dirigiendo teatro y dando clases de su especialidad a actores españoles, entre ellos Javier Bardem.

Su panorama laboral volverá a complicarse en unos meses, si es que acepta la propuesta del Cirque du Soleil de crear un nuevo número cómico para sus próximos espectáculos «fijos» que, entre 2008 y 2009, debutarán en Tokio y Hong Kong.

Periodista: ¿Es agobiante trabajar en el Cirque du soleil?

Gabriel Chamé: Yo peleé muy bien mi contrato. Trabajaba siete meses y el resto del año me dedicaba a mis cosas. Después tuve necesidad de parar un poco y me fui, pero ahora me llamaron de nuevo. Vamos a ver qué pasa...

P.: ¿Qué destacaría de su experiencia con ellos?

G.C.: Por lo general, y aunque parezca mentira, la gente termina quejándose de que se trabaja en forma muy industrial. Y es cierto, entre número y número uno se pone a leer el diario, pero siempre está afinando lo que hace. A mí no me molesta esa mecanización, para mí es un privilegio trabajar en un espectáculo de esas dimensiones.

P.: ¿Y cómo se lleva con sus compañeros?

G.C.: Yo integraba el trío de payasos con dos chicas francesas. Pero, el resto de la troupe se divide en etnias: los chinos están con los chinos, los rusos con los rusos, son grupos ultra compactos. Por ahí, en alguna fiesta, tratamos de comunicarnos un poco más (hace ruidos guturales simulando que habla en chino), hay respeto, profesionalismo y buena onda, pero nada más. Lo bueno es que no hay problemas emocionales. No hay egocentrismo, neurosis del actor, gritos antes de un estreno... eso no ocurre en el Cirque du Soleil. Los que nos conocemos más salimos un poco.

P.: ¿Qué tiempo libre le queda trabajando 10 horas por día?

G.C.: Con espectáculos de éxito, como el que estuvo en Buenos Aires, prácticamente nada. Pero uno se acostumbra a tener libre un ratito a la mañana y algunas noches salimos... Yo podría hacer un libro sobre la cultura alcohólica del Cirque du soleil. Imagínese, son todos nórdicos, eso sí que es beber.

P.: Hace poco una acróbatade «La nouba», en Orlando, se estrelló contra el piso y la función continuó como si nada. ¿Qué opina usted de esta modalidad?

G.C.: El circo es así, no sólo este. No hay afectividad, pero hay rigor y compañerismo. Cada tanto tenemos ensayo de accidente, para saber como reaccionar durante la función. Eso si el accidente es grave, porque hay otros que no se ven y ocurren todo el tiempo: una costilla rota, un tobillo fuera de lugar. Nadie lo carga de dramatismo, porque el acróbata incorpora el riesgo del accidente desde muy chico; si se parte un hueso sabe que lo va arreglar y en tres meses estará haciendo su número nuevamente.

P.: ¿Y a pesar de eso dice que no tienen problemas emocionales?

G.C.: Emocionales... no, pero de repente les salta un músculo. No los estoy criticando, trabajan un montón de horas para algo que apenas dura unos minutos. Esa frialdad es parte de su disciplina de trabajo.

P.: ¿«Llegué para irme» tiene que ver con su estilo de vida?

G.C.: La gente del Cirque du Soleil vino a ver la obra a París y le encantó porque vio reflejada su vida en eso de llegar corriendo a algún lado, dejar la valija y enseguida armar otra para salir de nuevo. La temática es bien contemporánea: el stress y la soledad. La gente vive acelerada en una especie de esquizofrenia constante. No puede parar, porque si lo hace, algo cae muy violentamente en el alma. Mi personaje es un viajante que en su apuro termina el espectáculo sin haber hecho nada, cierra un círculo inútil. Es como esa gente que uno ve en los bares, donde comen, charlan, escriben y hablan por celular todo al mismo tiempo. ¡La de espectáculos que se podrían hacer con eso!

Entrevista de Patricia Espinosa

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