Quedé muy gratamente sorprendido por esta película de Mel Gibson. Es más: si me dieran a elegir, yo les recomendaría a los fieles, como ejercicio para Semana Santa, ver este film en lugar de hacer un retiro espiritual. «La Pasión de Cristo» se ocupa de las últimas doce horas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, desde Getsemaní hasta el Calvario. Yo, en mi vida de sacerdote, he visto casi todas las películas que se han hecho sobre la Pasión. Recuerdo «Rey de reyes», «El Evangelio según San Mateo» de Pasolini, el «Jesús de Nazareth» de Zeffirelli, en fin, casi todas. Y no tengo dudas de que la película de Gibson es muy superior a todas ellas.
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Tiene como fuente los cuatro Evangelios, se abre con una cita del profeta Isaías, cuando habló de un «varón de dolores», ha tenido un buen asesoramiento bíblico. Hablan en el idioma de la época, el arameo y el latín. De modo que es muy exitosa en lo religioso y también en lo técnico, y en ese sentido comparto la opinión de muchos obispos y del Vaticano, que ha aprobado calurosamente el film.
En mi opinión, la película no es en absoluto antisemita. Es más, yo creo que si va a verla algún antisemita, la película lo puede curar de su mal. Sé que la DAIA la ha desaconsejado, pero no estoy de acuerdo en esto. Se ha dicho que la película es un retroceso del documento «Nostra Etate» del Concilio Vaticano II, referido a las confesiones no cristianas. Pero, en mi opinión, el film no culpabiliza a los judíos por la muerte del Señor, sino que su muerte, como enseña la Biblia, es imputable a toda la humanidad.
Indudablemente, no podemos ignorar la verdad de los Evangelios, la historia que nos transmiten. Allí están Barrabás, Caifás, Poncio Pilatos, los romanos. Leemos en Juan, 19:6, «Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen», pero sería una torpeza no entender el auténtico mensaje cristiano, que es el de la muerte de nuestro Señor por culpa de todos nosotros, de nuestros pecados.
Además, hay que considerar que la película es un maravilloso trabajo conjunto de personas de todas las religiones. En ella trabajaron católicos, judíos, musulmanes. La maravillosa actriz rumana que interpreta a María, Maia Morgenstern (que en alemán significa «estrella de la mañana), es judía, y en el rodaje estaba embarazada. Eso le transmite una belleza, una candidez sublime a su presencia en la pantalla, dignifica más el film.
También uno ha leído que el actor protagonista, Jim Caviezel, leía el Rosario todas las mañanas, y por algunos accidentes de la filmación padeció dolores: se le dislocó un hombro, lo lastimaron de verdad. Tomó muy a pecho el papel de Cristo.
No me molestó la violencia con la que Gibson ha filmado las escenas de los azotes y la crucifixión, que son crudísimas, aunque he visto cubrirse la cara a algún obispo durante la proyección. Creo que es una forma de entender mejor la Pasión. Inclusive, cuando se ve de qué manera clavaban a Cristo a la cruz, eso sirve para refutar las afirmaciones pseudocientíficas de que los clavos no hubieran sostenido el cuerpo de Cristo. Esa violencia tal vez sirva para comprender mejor las palabras de San Pedro, cuando dice que no hemos sido rescatados por la sangre de un macho cabrío sino de un Hombre.
Pero, ante todo, tenemos que tener en cuenta, desde la teología, no la profundidad de las heridas, sino el amor.
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