“Deathbook” imagina un futuro cercano en el que las personas han cambiado los templos por las app y los nichos de los cementerios por los muros de las redes sociales. Es un sistema que reconstruye la personalidad del fallecido a partir de los datos almacenados en “la nube” durante su vida. El servicio ofrece a los familiares sesiones virtuales con un actor que, conectado al perfil, puede representar a la persona muerta de una manera fiel. La obra puede verse por streaming los viernes a las 20.30 en la plataforma online de Timbre 4. Fue creada por Maxi Vecco, y cuenta con actuaciones de Mar Mediavilla y Andrés Passeri. Al final de cada emisión se realiza una charla con público vía chat. Dialogamos con Vecco.
Una protagonista incómoda, la muerte
La obra, que puede verse los viernes en el streaming de Timbre 4, se inspira en la obsesión por el tema que el autor ve en las redes sociales.
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Vecco. Autor de “Deathbook”, como un Facebook mortuorio.
Periodista: ¿Cómo surgió la idea de una app para tramitar la muerte de los seres queridos?
Maxi Vecco: A partir de ver cómo en redes sociales empiezan a filtrarse manifestaciones que tienen que ver con nuestra cultura fúnebre más que con los objetivos para lo que fueron creadas. Estos rituales y necesidades que surgen después de la muerte de seres queridos, o inclusive enemigos, se filtran en redes para querer recordarlos o hasta hablarles. El tema sin dudas es la muerte y el temor del ser humano por la propia o ajena. Es un tema en el que somos bastante negadores, por eso intenté escarbar en donde molesta.
P.: ¿Por que dijo usted que la cuarentena resignificó el tema de la obra?
M.V.: Empecé a escribirla antes y me encontré con que esta situación de pandemia abarca pensamientos que tienen que ver con la muerte. Se empezó a respirar un clima que no se puede evadir, eso que estábamos acostumbrados a evitar se pone muy cerca y es imposible no hablar de eso.
P.: En artes escénicas la cuarentena canceló lo tradicional y empujó al teatro por streaming, ¿cómo lo capitalizó?
M.V.: Venía trabajando con recursos tecnológicos en teatro. Este proyecto se hizo con lo que teníamos a mano, es cartón pintado digital, con nuestras malas Internet, computadoras, tablets, telas, cintas de papel y a distancia. Nos separan en algunos casos más de 1000 kilómetros. Es una ventana para pensar en el teatro colaborativo desde el creador pero también desde salir a buscar públicos de todo el mundo.
P.: Muchos dicen que hacer teatro así es un parche, ¿qué opina?
M.V.: Esta situación nos empujó al futuro, más que parche es la reacción natural a una necesidad de producir inclusive en condiciones adversas. El teatro independiente lo demuestra como una necesidad de producir y manifestarse en condiciones siempre desfavorables. Esto es una demostración más de la voluntad de producir artes escénicas inclusive contra nuestros prejuicios. La salida de esto será escalonada así que al streaming le queda mucho por explorar en el vínculo con el teatro tradicional. Es teatro híbrido.
P.: ¿Cómo es la instancia de diálogo con público mediante un chat?
M.V.: Surgió por la falta de tener esa relación con el espectador, con el aplauso y la catarsis física para el actor. Eso es lo que nos falta en este teatro y tratamos, no de suplirlo pero de pensar una equivalencia en este contexto. Por eso habilitamos al final la sala de chat. Otros espectáculos se hacen mediante salones de zoom pero no es lo mismo. Esos cuerpos que se quedan huérfanos al final de la obra al menos acceden a una charla como espacio para poder aflojar de a poco. La idea fue evitar cortar en seco el vínculo con el espectador y que hubiera tiempo para procesarlo, acompañándonos mutuamente, aunque sea a la distancia. Nos resultaba muy chocante terminar la obra y quedar en una soledad absoluta.
P.: ¿Cómo responde el público hasta ahora?
M.V.: Bien dentro de un contexto de teatro independiente. Veremos cómo evoluciona este público cuando le habiliten las opciones escénicas con las que convivió toda su vida.

