“Harold Pinter empezó a escribir desde la periferia del campo teatral de Londres y terminó siendo Nobel; su estilo tiñó y transformó el teatro. Todos los dramaturgos contemporáneos le deben algo a Pinter”, dice Alejandro Vizzotti, que dirige una nueva versión de ¨El montaplatos¨, con Sonia Novello y Claudia Mac Aulife en los papeles de los asesinos a sueldo que aguardan en un sótano mientras en el encierro empiezan a ocurrir hechos triviales que se convierten en sospechosos. La obra debuta el próximo domingo a las 18 en El Extranjero, luego de haberse postergado dos veces por la pandemia, lo que sin querer resignificó la obra. Dialogamos con el director y las actrices.
Periodista: ¿Cómo definen el teatro de Pinter?
Sonia Novello: Esa limitación que él propone, con diálogos tan escuetos donde lo que se dice importa tanto como lo no dicho, donde el silencio tiene tanto peso como los comentarios más triviales, es muy interesante para actuar. Y en la obra que hicimos anteriormente, “Sketches de revista”, y ahora en esta, lo pinteriano se ve en su máxima expresión. Nos fascina y nos provoca. Pinter dice: ‘Yo creo que nos comunicamos sencillamente demasiado bien, en nuestro silencio, en lo que no se dice, y que lo que sucede es una continua evasión, desesperados intentos de retaguardia para resguardarnos dentro de nosotros mismos’.
Claudia Mac Aulife: Nos encanta Pinter porque sus textos suceden en la actuación. El cuerpo tiene que entenderlos aunque a la cabeza le parezcan algo ilógicos quizás. Entonces hay que poner el cuerpo y es el cuerpo el que entiende la situación. El que hace de lo insignificante la razón de existir de los personajes.
Alejandro Vizzotti: Rescato el carácter subversivo en lo teatral que sigue siendo vigente para hablar de lo humano. Es muy misterioso Pinter, no es ni absurdo ni realista, es pinteriano.
P.: ¿Cuáles son los temas que aborda esta vez?
S. N.: Algo del oprimido que puede oprimir al cómplice. Hay un jefe al que responder pero entre los sometidos también se establecen relaciones de poder y abuso. La inacción del que espera, esa orden que lo cambiará todo, para después volver en una nueva oportunidad a hacer exactamente lo mismo
C.M.A.: Nos quiere decir que en la sociedad hay leyes indiscutidas. Hay ciertas cosas que son necesarias para mantener el statu quo. ¿Pero qué pasa cuando esas leyes que amparan a los mismos se ponen en duda?
A.V.: En pandemia tiene una relectura interesante esta obra por aquello del encierro, de lo que viene de afuera y cómo se reacciona. El contexto de aislamiento resignificó la obra y le dio una dimensión que no tenía cuando empezamos a ensayarla en 2019.
P.: ¿Qué se propusieron con esta versión y puesta?
A.V.: Brecht decía que para indagar sobre la cuestión de género había que intercambiar papeles, esto se hizo desde Shakespeare para acá, no es novedoso, pero es lo que nos dio una nueva mirada sobre el material, que los asesinos a sueldo fueran mujeres. Recuerdo la versión de ¨Tres hermanas¨ de Veronese que cambiaba papeles de hombres por mujeres y había una relectura en 2001 de los hombres en la casa y las mujeres al trabajo.
C.M.A.: La obra está escrita para dos varones y como en la compañía las actrices somos mujeres creo que esa es ya toda una apuesta. Pero son imaginarios que los chicos ya no tienen. Le pregunté a mi hija de doce años si le hacía ruido que sean dos mujeres o si ella nos veía quizás masculinas y me miró como diciendo ´qué comentario anacrónico´. Que lo que más le había llamado la atención era el plot twist y ese giro final en la historia.
P.: ¿Cómo es este segundo regreso del teatro en la pandemia? ¿Cómo lo viven?
S.N.: Estábamos por estrenar en marzo 2020 en una sala hermosa y pequeña que se llevó puesta la pandemia porque no pudo resistir el cierre. No hay que abandonar los espacios de creación, de expresión cultural, en lo posible. Todos los demás formatos fueron bienvenidos y seguirán coexistiendo pero a lo presencial no hay con qué darle.
C.M.A.: En marzo de 2020 no se pudo. En abril de 2021 no se pudo. Esperemos que la tercera sea la vencida.
P.: ¿Sienten tristeza o la ven en el público este regreso a salas a 30% de su capacidad?
C.M.A.: Más triste es que no se abran los espacios. En el teatro independiente hay un público fidelizado que va, que apoya por convicción, cree en sostener esos espacios. Es otra realidad que la de un teatro comercial o un cine, que también creo que no es inmediato pero la gente se acostumbrará a salir.
S.N.: La gente sale muchísimo, los bares están llenos y siempre costó llevar gente al teatro. El teatro es un lugar más seguro que la escuela pública, se cuida mucho el protocolo. Se sabe que es a pérdida pero queremos defender el espacio. En salas más grandes se nota más el vacío pero eso no pasa en el independiente donde hay otra calidez y un público que apoya. Ojalá fuera más.
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