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15 de marzo 2007 - 00:00

"Terapias alternativas"

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Manuel Callau es el psiquiatra entre abúlico y chanta de «Terapias alternativas», un film cuyo argumento daba para sátira o comedia, y no funciona en absoluto en clave de drama.
«Terapias alternativas» (Argentina, 2006, habl. en español. Dir.: R. Durán. Int.: M. Callau, G. Stefani, M. Martínez, J. Puppo, y otros.

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Cuánto mejor hubiera sido que este film buscara satirizar al psiquiatra chanta, al hospital estatal en decadencia y a los desesperados que recurren a cualquier clase de terapia. Sin embargo, en lugar de una parodia o directamente una comedia, esto es un drama que por momentos causa hasta gracia por la incongruencia del guión, la previsibilidad de la trama y los personajes estereotipados en extremo.

Manuel Callau interpreta al doctor en cuestión, adicto al «shock de toxinas» con las que se atiborra en cada comilona sin reaccionar siquiera ante el intento de suicidio de uno de sus pacientes. Por el contrario, opta por continuar con el festín de comida chatarra en su lúgubre espacio, fumar y ver videos, igual que cada tarde en el hospital donde atiende a ancianos ante los que se especializa en ausentarse mentalmente, basando su terapia en recetar antidepresivos o ansiolíticos.

Chantas hay en la profesión, por supuesto, pero conforme avanza la trama escrita por tres guionistas, Axel Nacher, Fernando Schmidt y el propio director Rodolfo Durán, la falta de matices hace perder el más mínimo interés por el protagonista.

Completan la nómina de personajes de manual el hijo único de Callau, víctima de las peleas de padres separados que vive embobado con la TV; la chica que parece traviesa al principio pero logra encaminarse y formar una familia; la ex mujer del psiquiatra que se desvela por la tierra de oportunidades que encuentra en Miami; el paciente candidato a suicida (debut de Pablo Cerri, que imita demasiado a Nicolás Cabré) que termina triunfando en la vida, etcétera. Siguiendo con lo previsible, no se salva ni el director del hospital (Juan Carlos Puppo), ni los empleados estatales, ni la dulce enfermera de buen corazón (Mausi Martínez), ni la anciana enferma (Floria Bloise) y así sucesivamente.

A los actores, buenos en general, les cuesta emocionar o divertir, en medio de una historia que abre varias subtramas forzadas a cerrar en un no menos forzado happy end.

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