21 de octubre 2003 - 00:00
Terminó con calidad el festival teatral cordobés
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Louise Brooks», que terminó por frustrar a la mayoría de los espectadores, ya que su presencia se vio relegada a un tercer plano en relación a la película muda que se proyectaba en escena y a los músicos que tocaban en vivo. Ver a la actriz preferida de Fassbinder leyendo de espaldas al público no es precisamente lo que se espera de una estrella del espectáculo.
Mucho más original resultó la puesta del grupo chileno La Patogallina («El húsar de la muerte ») dirigida por Martín Erazo. La idea de representar una famosa película muda, en vivo y simulando una proyección en blanco y negro, fascinó a todo el mundo.
Los sangrientos episodios ocurridos en Bolivia la semana pasada hicieron que toda la comunidad teatral cordobesa brindara su solidaridad a los artistas bolivianos que quedaron varados en la Argentina hasta el pasado lunes. El director Diego Aramburo organizó una puesta itinerante con estudiantes de teatro infiltrados en distintas « colas» destinadas a trámites bancarios y demas gestiones.
Por su parte, la directora cordobesa Marta Monzón ( residente en Bolivia desde 1989) se ganó el corazón del público con «Nuestro último refugio», un montaje inspirado en el cuento «Aguas» de Humberto Mata y armado dentro de un receptáculo acuático. El resto de la programación ofreció un nivel parejo, con destacables trabajos provenientes de Ecuador («La travesía», sobre un grupo de inmigrantes ecuatorianos tratando de sobrevivir en la Europa del Norte) y de Brasil («Libertese»). Esta curiosa experiencia teatral, a cargo de tres grupos brasileños, partió de una investigación y performance callejera realizada en Brasil, Córdoba y Buenos Aires. Todo ese material fue filmado en video para luego ser exhibido en una de las salas oficiales con la presencia en vivo de algunos integrantes del grupo brasileño y la participación de varios niños y adultos entrevistados.
Una vez más, la participación de gente común en una obra no ficcional tuvo sus adeptos y sus detractores. Al fin y al cabo es este tipo de cosas lo que le da sabor a un buen festival.



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