Nuestro cine no se automantiene. Algunos países con similar problema han tentado diversas soluciones. Por ejemplo, Irán reduce al mínimo la entrada del cine extranjero (y hace películas muy variadas, aunque acá solo llegaron las de festivales). Corea le pone trabas, en beneficio de sus producciones subsidiadas. Brasil le obliga a reinvertir en el país parte de sus ganancias, imponiendo coproducciones forzadas. Francia subsidia no sólo sus películas sino también las salas donde se exhiban.
Dejá tu comentario