7 de junio 2001 - 00:00

Tiene defectos pero es creíble

Sólo por hoy.
"Sólo por hoy".
"Sólo por hoy" (Dir.: A. Rotter. Int.:A. Chen, F. Esquerro, M. Martínez, D. Dreizik, S. Boris. Argentina, habl. en español.) PM/13.

Cinco días en la vida de cinco jóvenes que se las rebuscan en la gran ciudad, desde la china que trabaja de cadete, hasta los chantas que la van de pintor o de actor, o un par de soñadores. No es la gran película, pero el debutante Ariel Rotter propone una buena pintura, fresca, simpática y bastante creíble, de su propia generación, y la gente sale complacida. La Universidad del Cine presenta ahora su tercera película. A diferencia de las anteriores, esta vez no se trata de un trabajo hecho entre varios alumnos conducidos por un profesor («Moebius»), ni de cuatro cortos de otros tantos alumnos, orquestados y enlazados por ellos mismos («Mala época»), sino de la casi exclusiva creación de uno solo. El tema, en cambio, sigue siendo el de los jóvenes frente a la sociedad. Pero en este caso también cambia el tono.

En su debut -hecho con pocos medios, pero bien respaldado como director, Ariel Rotter eligió hacer un relato en tono menor, o mejor dicho cinco relatos, los de otros tantos jóvenes veinteañeros, a lo largo de cinco días de la semana: una inmigrante china que quisiera pintar, pero trabaja como cadeta motorizada; un ayudante de cocina que sufre mal de amores, pero estudia francés en el trabajo y sueña con irse a París, donde quizás encuentre a su amor definitivo; un gordo que se cree actor, y ensaya frente al espejo mientras el compañero de trabajo cumple su tarea; un gordito que anda con la videocámara reporteando gente, y todavía le pide plata al padre, y un chanta amargo que la va de pintor de paredes y es mal amigo.

Todos viven juntos, al menos durante esos días, y cada uno va a tener, para bien o para mal, una pequeña evolución en su vida. Nada será totalmente dramático ni romántico, nada será definitivo, pero todo contribuye a formar un cuadro bien reconocible de nuestros propios sueños, nuestras limitaciones, y nuestras decisiones (y la firmeza, o no, de nuestras decisiones).

Justamente, lo que se aprecia en este film es la eficaz pintura de personajes reconocibles, con momentos y diálogos naturales, frescos, por lo general adecuadamente expresados, y la inteligencia de no ostentar demasiada inteligencia. Vale decir, el autor pudo hacer un libreto más complejo, un espacio para metáforas sociales, o una puesta más elaborada, y en cambio eligió la sencillez, la franca introspección, y el registro de apariencia casi espontánea.

Claro que de este modo los defectos quedan más a la vista (el riesgo de los diálogos banales, algún detalle técnico, etc.), pero los méritos y la comunicación con cada espectador también quedan más al alcance. El elenco entero, además, es digno de elogio.

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