En Los detalles de su vida cotidiana y las anécdotas que va narrando en forma desordenada alternan con fragmentos de un discurso informativo sobre razas caninas. Pero, sin duda, los momentos más desopilantes del espectáculo son aquellos en los que esta pobre mujer -inhibida por un cruel mandato materno-se dirige a su perro, al que trata como a un niño mimoso.
Si bien el material no llega a redondear una historia -algo que por momentos se extraña dadas las notables condiciones expresivas de
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