31 de marzo 2005 - 00:00
Trunsky, del ballet para chicos a una obra erótica
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Carlos Trunsky: «‘Incandescente’ tiene música, canto, teatro y actuación; no tengo prejuicios en apelar a cualquier técnica que me sirva para expresar una situación».
Periodista: ¿Qué temas aborda «Incandescente»?
Carlos Trunsky: Habla de las relaciones de a dos, que pueden ser de pareja, de amistad, o de absoluto erotismo. Son vínculos de gran intimidad en los que resulta muy fácil reconocerse.
P.: ¿Pero incluye algún tipo de conflicto?
C.T.: El conflicto es lo que mueve cada instante de la pieza. De hecho se titula « Incandescente» porque todo remite a ese momento en que los cuerpos se transforman por el calor, la fricción o por la tensión que se genera entre ellos, ya sea positiva o negativa. No se trata de una narración lineal, hay mucha ambigüedad en ella, pero las historias contienen mucha ironía, toques de humor y también mucha violencia y erotismo, sin ponerse demasiado explícita. Yo creo que está muy emparentada con «Que la mar te devuelva» sólo que las situaciones son más concretas. No se trata de un material tan poético pero está rodeada de poesía.
P.: ¿Entraría en lo que se define como danza-teatro?
P.: Usted montó «Las aventuras de Pedro y el Lobo» casi en paralelo a «Incandescente» ¿Cómo hizo para dividir su cabeza entre un espectáculo para chicos y otro de de tanto erotismo?
C.T.: Cuando me propusieron dirigir «Pedro y el lobo» sentí que la pieza no me representaba. Su argumento es casi una excusa para que los niños empiecen a conocer los distintos instrumentos de la orquesta. Pero un día ocurrió un hecho que me enamoró. Fue el haberme encontrado con el lobo cara a cara en la calle. Lo descubrí en una esquina, era un hombre de unos 30 y pico de años, un linyera quizás, alguien con aspecto de vivir en la calle y de ser un poco «border». Y yo justamente me lo encontré en pleno ataque de furia, tratando de defenderse de esta ciudad que lo señala y margina, y que a veces nos resulta tan cruel. En esa persona descubrí ese lobo que todos llevamos dentro y decidí tomarlo como la gran metáfora de esta obra, porque para mí Pedro y el lobo son caras de la misma moneda.
P.: En sus dos puestas articulóvarios modos de expresión ¿Cómo reaccionaron los bailarines?
C.T.: Los puso en un grave brete a todos... ¡Gran primicia gran, los bailarines del Colón hablan por primera vez en escena! (se ríe). Esa fue la gran jugada de «Pedro y el lobo» eliminar el narrador y trasladar sus textos a los bailarines. Esto les abrió muchas posibilidades creativas y ellos disfrutan con esta gran exposición porque tenían ganas de actuar. Al público parece que también le gustó, porque las entradas se agotaron. Tal vez pase lo mismo que con «El circo de los animales» otro espectáculo para niños que monté en el Colón hará unos ocho años. Todavía hay gente que se acuerda de aquella obra. Tuvo un éxito que me sorprendió. Ojalá que este fenómeno se repita y, sobre todo, que el teatro lo reconozca como tal y lo aproveche.
P.: ¿A qué se refiere?
C.T.: A que agregue más funciones, por ejemplo. Estamos hablando de un espectáculo de lujo, no lo digo por mi trabajo sino por el desempeño de los bailarines, la presencia de la Orquesta Filarmónica y el exquisito diseño visual de Diego Siliano, en escenografía, y Marta Albertinazzi, en máscaras y vestuario.Además todo esto fue realizado por los talleres del Teatro Colón con un cuidado y un amor increíbles.
Entrevista de Patricia Espinosa



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