1 de diciembre 2003 - 00:00

Un arte que exige ver más allá de la imagen

La multiplicidad de obras de Jorge de la Vega que reúne la muestra del Malba revela un mundo que, visto en su conjunto, va perdiendo poco a poco su apariencia festiva hasta tornarse casi insoportable. La insistente reiteración de los cuerpos aglutinados y deformes de la época Pop, las elásticas sonrisas de goma, estereotipadas y mentirosas, o los fantasmas que pueblan la mente del artista de la serie «Bestiario», disuelven la aparente alegría de ese carnaval para dejar al desnudo los rostros monstruosos que pueblan una sociedad enajenada.

Algunas obras de Antonio Berni, inteligentemente ubicadas en la muestra junto a las de De la Vega, también hablan de los retazos oscuros de la historia. Y emplazada a un paso del ingreso a la exposición, una pintura de Antonio Seguí perteneciente a la serie «La distancia de la mirada», anticipa como una señal el espíritu de la exhibición. Se trata de «Hombre de espaldas», enigmática obra realizada en 1977 que está acompa-ñada por un texto del artista cordobés, que dice a modo de explicación: «Representa a alguien mirando algo que el espectador no podía ver». Se trata de un guiño al espectador, para que intente ver más allá de las imágenes.

Entretanto, la muestra que acaba de inaugurar Remo Bianchedi en el Centro Cultural Recoleta, «Kristallnacht»(La noche de los cristales rotos), también demanda del espectador un grado de percepción que va más allá de la realidad representada. Es Bianchedi quien finalmente termina explicando el mensaje de «El hombre de espaldas» de Seguí. «En la década del 70 los artistas usábamos un lenguaje cifrado, formaba parte de nuestro imaginario. Como resultaba riesgoso mostrar la realidad, circulaba el Arte de Correo, como el de Vigo y muchos otros». El artista agrega que en 1976 y con ese código secreto presentó en el CAYC «Tradiciones argentinas», obra conceptual «que se incluyó en el proyecto Arte de Sistemas, un collage que representaba una gran fiesta de gala y donde todos los participantes tenían cabezas de ovejas». El antecedente de esta obra bien podrían ser los monstruos de Berni y De la Vega.

• Herida

Exhibida hace exactamente diez años también en el Recoleta, «Kristallnacht-Un rostro, un nombre», se reitera en estos días acompañando la publicación de un libro editado por el jovencícimo Elio Kapszuk que lleva ese título y que recoge las imágenes de los 87 retratos que Bianchedi realizó en 1993, inspirado en fotos encontradas en los campos de exterminio a las que tuvo acceso durante su exilio en Alemania, entre 1977 y 1981.

Mas allá del horror previo al holocausto, y del contenido explícito o implícito de las pinturas, es preciso reconocer que Bianchedi se revela como un excepcional retratista que maneja con impecable destreza una multiplicidad de técnicas como el acrílico, el collage, el óleo o la acuarela. Pero además, sus pequeños retratos parecen extraídos del tiempo, a la nitidez de los rasgos se contrapone el clima fantasmal de una exposición que duele en los ojos como una herida abierta.

A través de la exaltación de los rasgos sensibles de esos retratos -muchos son niños y todos suscitan evocaciones del pasado-, el objetivo de la muestra pareciera ser obligar a que el espectador finalmente perciba, como decía Seguí, lo que «no podía (o no quería) ver». Para comenzar, un tema que no pasa inadvertido al artista, es que el afán revisionista de los investigadores de arte argentino, explicitado en la muestra «Variaciones sobre el museo: recordar, ordenar, clasificar», que Rodrigo Alonso cura en el espacio joven del Malba, esté abocado en estos últimos años principal-mente a las generaciones del '60 y del '80, mientras la de los dolorosos '70 queda aún en la sombra.

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