Este es un trabajo es aún más irregular, ya que se dispersa demasiado, y acumula imágenes que muchas veces sólo llevan a confusión. Por ejemplo, cuando se oye al testimoniante hablar de su labor en una imprenta, y su amistad con una chica estudiante que le prestaba libros, las imágenes muestran escenas de manifestaciones y peleas callejeras no identificadas, sin relación alguna con lo que se cuenta. Varias veces, a lo largo del documental, ocurre este tipo de desencuentros. El resultado no parece justificarse ni como sistema de ilustración, ni como juego de asociaciones, salvo en muy contadas circunstancias, y la confusión aumenta cuando aparecen otros testimoniantes, sin que haya para el espectador siquiera una guía inmediata del quién es quién, que le permita seguir cada relato. Súmese a ello la inserción de fragmentos extemporáneos y demasiadas cosas que quedan en el aire.
Se advierte, pese a todo, la singular historia, entre novelesca y dolorosa, de un hombre de pueblo que fue detenido por simple parentesco con un militante, y en la celda empezó a ser adoctrinado por los presos políticos, hasta convertirse en un cuadro del ERP capaz de irse hasta los montes tucumanos, de donde logró escapar a tiempo, no por cambio de convicciones, sino por simple sentido de la sobrevivencia.
El asunto es fuerte, pero, tal como se presenta, está desaprovechado.
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