Un Grisham no apto para la playa

Espectáculos

«El inocente» de John Grisham. Trad.: María Antonia Menini. Ediciones B . Barcelona, España. 2006. 413 págs.

Famoso desde hace dos décadas por sus bestsellers de trama judicial, John Grisham decidió incursionar ahora en la novela «non fiction». De todas formas, ya aclaró que no volverá a reincidir en el género, debido a que la experiencia le insumió mucho más tiempo y esfuerzo que sus títulos de ficción.

Todo empezó hace dos años cuando el novelista descubrió en un obituario de «The New York Times» la historia Ronald Keith Williamson, frustrado beisbolista de Oklahoma muerto a los 51 años a consecuencia de una cirrosis. En 1999 el hombre había estado a punto de ser ejecutado por la violación y asesinato de una joven de 21 años, crimen que no cometió, pero del que fue acusado junto a un amigo -tan inocente como él-en un juicio plagado de irregu-

laridades (manipulación de pruebas, errores en los análisis de ADN, testigos falsos respaldados por la policía, etcétera). Gracias a su antigua experiencia como abogado defensor Grisham pudo relevar todos los testimonios y pruebas e interpretarlos con ojo experto. También entrevistar a buena parte de los involucrados en el caso interiorizándose a fondo sobre el defectuoso sistema legal y penitenciario del Estado de Oklahoma.

Los resultados de su investigación resultan abrumadores y posicionan a «El inocente» como una novela de denuncia antes que como una historia de acción y suspenso. El autor de «El informe Pelícano» y «El últimojurado» termina aburriendo con las idas y vueltas de un affaire judicial que bien podría ser expuesto en muchas menos páginas. Ninguno de los personajes ofrece un gran potencial literario, ni siquiera el protagonista, un personaje de pocas luces, al que los psicofármacos aplicados en la cárcel terminan de destruir. La obra sigue paso a paso su calvario logrando un efecto deprimente en el lector. No es un material como para distenderse en la playa, salvo que uno quiera informarse sobre la inusitada corrupción del sistema legal norteamericano, las terribles condiciones de los prisioneros y el culto a la pena de muerte.

Patricia Espinosa

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