Pasó una hora nada más. Desde que se conoció la noticia de la muerte del Indio Solari y circuló una convocatoria a Plaza de Mayo solo se necesitó eso. Aparecieron otras plazas: la Italia en La Plata, la San Martín en Formosa, la Independencia en Mendoza, la Almirante Brown en Río Grande. ¿Qué tendrán esos espacios para ser un punto de encuentro indiscutible para la protesta y la alegría, para el duelo y el desahogo? Este viernes, las plazas por el Indio reunieron todos esos elementos.
Antes del mediodía ya llegaron ricoteros al Parque Leloir, en las cercanías de la casa en donde vivió su último día el artista. En el resto de las oficinas del país, la cotidianidad se alteraba. Los llantos se escondían y la música era una sola: la que lleva la voz del Indio. El mismo patrón se repetía en kioscos, gimnasios y en el repertorio de los artistas callejeros. Más aún en los recuerdos de redes sociales, en donde aparecieron los figurettis, los melancólicos y los desgarrados. Se vio el mensaje más doloroso; "te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer", de Skay Beilinson, el exguitarrista de Los Redondos.
Despedida Indio Solari Plaza de Mayo (4)
Carteles a la venta con la fecha de la muerte del Indio Solari.
Fernando Brovelli
Las horas pesaban cada vez más densas hasta cambiar camisa por remera, reloj por piluso. Comenzaron a reunirse: amigos que recordaron toda la mañana ese recital conjunto; hijos que saben que existen porque sus padres se conocieron en un recital de Los Redondos; nietos que tienen como principal tema de conversación con sus abuelos esas canciones que nos hablan en nuestras habitaciones y en los predios más repletos predios que conocimos.
En Plaza de Mayo, las primeras banderas cruzaron Diagonal Norte mucho antes de las 18 horas, un horario que era tan solo una referencia porque las misas siempre manejaron sus propios tiempos. Iban resguardadas con la música de autos que se apropiaban del duelo. Hubo intentos de repeler la masividad, pero enseguida se dieron por vencido: llegaban de a montones y cantando. Caras tatuadas, pibas tímidas, señoras con cochecito. Los más esperados: los que llevaban parlantes en los hombros. Antes de ellos, los pogos eran a capela o alrededor de un celular.
Despedida Indio Solari Plaza de Mayo (3)
No se registraron conflictos en la masiva despedida de los fanáticos del Indio Solari, al frente de Casa Rosada.
Fernando Brovelli
Los subtes llegaban llenos y volvían vacíos. De a miles se hacían lugar en la plaza de todas las marchas, entre pines, carteles, remeras y hasta rosas con estampitas de Solari ofrecidas en el piso. "Se viene vendiendo más o menos. Más el fernet que la birra", aclararon. Cada uno de los que llega sabe que guardará a un Indio en el recuerdo, pero todos coincidieron: si están ahí, es porque él estuvo para ellos durante años, durante décadas. Convivieron ojos entumecidos del llanto y sonrisas desbocadas con la misma motivación. “Esta es una misa y no me la quería perder”, contó uno. “Nos ganó y nos robó el cerebro con la poesía de sus letras”, desarrolló otra. “Se dio cuenta de la dimensión de lo que generaba, pero siguió coherente y a eso le dio una perspectiva federal”, se enorgulleció una ricotera que recordó los recitales de los ‘90.
Veteranos y novatos gritan juntos los clásicos que ganan su propio rincón de la plaza. También aparecen los cantos de banda: “Vamos Redondos, vaya al frente”; “Redondos no lo pienses más, andá a tocar a la Luna”; “El Indio no se murió”. No falta la política, explícitamente opositora pero sin consensos en los intentos partidarios. Aparece, sí, otro tema conocido: “Que se vayan todos”. Pero el verdadero unísono se reiteraba con los estribillos que pasaron del cuaderno del Indio Solari a tatuajes y banderas; que obligaban a mirar al cielo a los que recordaban los que ya no están.
El desahogo tomó forma en el grito popular para recordar a un artista que mantuvimos acá, como un secreto que guardamos entre millones. Porque las pasiones del sur del mundo no son fáciles de transmitir, pero las misas gozan de buena salud: seguirán con Skay, Tarea Fina, Los Fundamentalistas o cualquier banda tributo en un bar. En ellos recae mantener encendidas las llamas de euforia y lucidez, de sensibilidad y rebeldía. El Indio parece haberlo logrado: más irreversible que su fallecimiento, es su legado.