25 de mayo 2001 - 00:00

Un western imperdible

Un western imperdible
«Winchester '73» (EE.UU., 1950). Dir.: A. Mann. Int.: J. Stewart, S. Winters, D. Duryea, S. McNally, Ch. Drake, J. McIntire, J.C. Flippen, R. Hudson, T. Curtis.

"Hay cosas que un hombre debe hacer." Una de ellas es ver -o rever- el western imperdible donde este inolvidable axioma es proclamado por James Stewart (y no John Wayne, como se podría creer). «Winchester '73» es una obra maestra con una rara cualidad que la convierte en algo realmente especial: nunca es la película que el espectador cree estar viendo y, en cambio, siempre dispara en otra dirección.

Empieza con una secuencia muy simpática, casi folklórica, en la que los legendarios Wyatt Earp y Bat Masterson supervisan un concurso de tiro que da como premio el rifle del título. Se lo gana James Stewart, aunque él no fue a Dodge City por el trofeo, sino para consumar una venganza que se ha convertido en el único motor de su vida.

A partir de ahí, la trama vertiginosa galopa por un asedio piel roja (comandado por «Toro joven», es decir, el cacique Rock Hudson), una masacre de pistoleros psicópatas capitaneada por un desquiciado, pero querible Dan Duryea, una de las mejores partidas de poker fraudulento de la historia, un sangriento asalto a un banco, uno o dos duelos letales, un romance y un desenlace que gira imprevistamente hacia la tragedia griega.

Esto sirve para recordar que no por entretenido y veloz un gran film tiene por qué ser menos profundo y dramático. Como bonus, la presencia del casi irreconocible Tony Curtis. La soberbia fotografía de William Daniels, tan cambiante como todo el film, se aprecia especialmente bien gracias el excelente nivel técnico de la copia que acaba de aparecer en nuestro medio en venta directa.

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