Posiblemente, todavía le falte asentarse más como artista y generar un estilo propio, tanto en la manera de cantar como en el repertorio. Pero se nota que Ludmila Fernández tiene cosas para decir y elementos como para hacerlo.
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Si hubiera que definirla, deberíamos decir que se trata de una cantante de jazz, no tanto por las canciones que elige, que en la mayoría de los casos provienen de ese género aunque también se cuelan algunos temas brasileños o del pop norteamericano, sino por la manera de interpretarlos. Ya llegó al disco y su flamante CD se llama «Now's the time».
Tiene una muy buena garganta que maneja con comodidad y logra momentos de mucha expresividad. Hace títulos muy clásicos, como «Night and day», «I Ain't got nothin' but the blues», «Cry me a river», «Caravan» o «Fever». Y se complementa muy bien con sus músicos. Precisamente allí, en los músicos, su show tiene uno de los platos más fuertes. Fernando Galimany, un contrabajista también conocido en el terreno del tango, y el baterista Luis Pérez constituyen una muy buena base.
Pero sin dudas lo más atractivo llega de la mano del pianista Alejandro Manzoni, que exhibe virtuosismo sin adueñarse del concierto y que hace un aporte fundamental a la hora de los solos.
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