«Una de dos» ( Argentina, 2004, habl. en español). Guión y Dir.: A. Taube. Int.: J. Sesán, J. Anganuzzi, R. Aielo, A. Staltari, P. De Nito, V. Passeri.
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Esta es una de las películas más premiadas de la última generación de cineastas locales, eso que da en llamarse «joven cine argentino», o « nuevo cine argentino», y que tiene su aplauso en festivales específicos como el municipal de Buenos Aires. Ahí se llevó el premio de la sección «Lo nuevo de lo nuevo», pero difícilmente se lleve algo ahora, en su salida comercial, excepto el fastidio del público común hacia esta clase de obras, los festivales que las premian, y los críticos que tan desmedidamente las elogian.
Aun así, cabe apreciarle ciertos méritos, en su asordinado drama pueblerino con la crisis de 2001 como fondo. Empieza muy bien, marcando con agudeza el choque entre las voces alteradas de un noticiero y la luminosa tranquilidad del campo (dicho sea de paso, una de las productoras que participaron se llama Caos y Cosmos Cine), un contraste que se va definiendo ricamente a medida que las imágenes incorporan al protagonista y su entorno. Mejor dicho, sus tres entornos: el de su auto, donde está como un señor, el de la gran ciudad, donde hace amables transacciones con algún negocio raro, y el del pequeño pueblo donde vive cash y transa con dos chicas, a diferencia del resto que vive del fiado y la pechada y se lo pasa discutiendo con la familia.
El tiene una madre, que aca solo crió para más, porque también la vemos criar faisanes, aunque vivan en una casita medio descuidada. Los otros son unos amargos, las chicas parecen funcionar a cerveza, sin otra salida que irse a Luján un día que está todo cerrado, y no pasa más nada, si no fuera por los datos que vienen del exterior, y por los líos que va a traer el antedicho negocio, en un desenlace de género policial bastante animado e interesante, aunque algo falto de emoción.
Es que precisamente una característica del llamado nuevo cine parece ser la reticencia emocional, así como, entre otros requisitos que acá se cumplen debidamente, la improvisación actoral (penoso, actrices de clara impronta porteña en personajes provincianos), los diálogos pobres, el excesivo registro de momentos prescindibles, y la nebulosa informativa, que aquí además confunde el proceso de noticias televisivas que sirve de trasfondo a la historia (pone los saqueos del 20 de diciembre sin la explosión ciudadana de esa noche, y repite las trágicas escaramuzas del 21 como si hubieran durado dos días y fueran lo más importante), una falta de rigor que la inhibe parcialmente como testimonio de la época.
Pero, en fin, así como el protagonista (buen retorno de Jorge Sesán) puede elegir entre dos chicas, también el espectador puede elegir entre la parte policial y la de pintura social de la película. Y puede pensar que, una de dos, el personaje es casi un símbolo de una generación que por diversas causas desprestigió su propia moneda (su negocio es justamente repartir monedas falsas por los kioscos), o que no da ni para eso.
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