7 de junio 2001 - 00:00

Vale por la sutileza de las actuaciones

Quinteros y de Nito.
Quinteros y de Nito.
Por eso, la obra es confusa y su estilo de absurdo más cercano al de René de Obaldía que al de Ionesco, aunque la genealogía de las dos hermanas se asemeje mucho a la de «La cantante calva». Como el autor, el director Mauricio Minetti, se ha apoyado especialmente en la ductilidad de los actores, lo que beneficia el resultado final del espectáculo.

Con extrema finura y excelentes recursos, Lorenzo Quinteros compone a la hermana más pacata, temerosa de todo y menos decidida que la otra que aún se arriesga a internarse en la selva bancaria y a hacer algunas compras, interpretada acertadamente por Pablo de Nito. Ambos hacen creíbles a las dos estrafalarias y disparatadas criaturas que caen en el pánico ante la aparición de una cucaracha y son capaces de confundir a un perro callejero con un antiguo amante de la mayor, aparentemente más ligera de cascos.

El vestuario de Carlos Di Pasquo tiene la propiedad de dibujar con precisión los diferentes caracteres. Y la música y los efectos de Rick Anna subrayan el clima de delirio que reina en el ambiente burgués de la casa.

No se puede dejar de mencionar a Garufa, el perro pequinés que acepta mansamente la confusión y colabora con el desarrollo de la acción como un actor consumado, robándose las escenas en las que interviene. En suma, un espectáculo que apela al dislate y permite el lucimiento de los actores, que evidentemente disfrutan del juego, y juegan con sutileza y elegancia.

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