No queda más remedio que “Principio, medio y fin” (Feltrinelli), la nueva novela de la mexicana Valeria Luiselli, que reside en Nueva York, es simplemente extraordinaria. Una obra tan densa como atrapante. y que, siendo incomparable, remite a los mayores hitos de la literatura del siglo XX.
Valeria Luiselli, sobre su último libro: "La novela funciona como un laberinto con muchas entradas"
La nueva obra de ficción de la escritora mexicana es un mosaico que combina una historia familiar con la tradición de la cultura greco romana. "Es una novela con corazón de ensayo", dijo la autora en diálogo con Ámbito.
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La mexicana Luiselli sorprendió con una obra densa y desafiante.
“Principio, medio y fin” es la historia la gira que realizan una madre, escritora, con su hija, presentando la novela que acaba de publicar (que es la que leemos) por diversos países, buscando, entre otras cosas, procesar la separación de su marido. Es el viaje por el pasado familiar y el presente, de una preadolescente, su madre escritora, su abuela intelectual, que padece problemas de memoria, y una bisabuela campesina siciliana que excavaba buscando restos arqueológicos.
Es la aventura de un mosaico con la estampa del dios Proteo, sabedor del pasado, el presente y el futuro, que viaja con ese linaje familiar de Sicilia hacia Estados Unidos y termina en México. Cuenta cómo la mitología greco romana sigue presente en nuestra vida diaria, y Plinio El Viejo desde su “Historia Natural” sigue dando consejos. Es como un policial donde hay que ordenar lo que se va sabiendo para llegar a revelar el enigma. Y es, por último y no lo último, el mundo actual palpitando desde destrucciones y acechanzas de un final distópico. Valeria Luiselli es profesora en Harvard, autora de cuatro novelas y varios libros de no ficción, que le han hecho conquistar el American Book Award, el Folio Prize y el Premio Mondello. En su reciente visita dialogamos con ella.
Periodista: ¿Buscó contar qué significa para una mujer estar en el medio de muchas cosas?
Valeria Luiselli: Esa pregunta está en el corazón de la novela y no necesariamente se responde. Esta es una novela con corazón de ensayo, que ensaya y circunda una constelación de preguntas que me importan, me atañen, me urgen, y no necesariamente se responden. Una es sobre el principio, el medio y el fin. Y la niña, Manuela, le pregunta a su madre: ¿por qué todos los principios están divididos en dos?
P.: ¿Eso tiene que ver con la separación de su madre, que está en medio de una crisis sentimental y la crisis de la madurez, y tironeada por lo nuevo y lo viejo?
V.L.: Está en medio de la tensión de dos generaciones, por un lado, su madre que está perdiendo la memoria, por otro, su hija que está entrando pujante, con una imaginación explosiva y preguntas complejas en la adolescencia. Y en el medio está ella observando el arco de la vida y quiere reivindicar ese estar en el medio, en ese momento, en estar aquí buscando dar un sentido a todo eso. Y sin dejar de reconocer la sensación de los finales, el miedo al final, el de la memoria de su madre, el de su hija que deja de ser niña, y los que acechan con los cambios climáticos y catástrofes posibles, y sin que eso no nos desarraigue de habitar el presente.
P.: ¿Una forma de estar en el presente es revisar el pasado?
V.S.: Ver de dónde venimos. La hija pregunta, indaga, está siempre resignificando el pasado, buscando salvar la memoria de su linaje. Se busca restituir. Su madre trata de salvar a su madre de un posible Alzheimer. Leyendo la Historia Natural de Plinio el Viejo encuentran paralelismos entre la pérdida de la memoria de su linaje y la destrucción de las montañas. Si hay una pérdida generalizada de la memoria es porque las montañas han sido minadas, quebradas, extraídas, ahuecadas, y según el filósofo romano todo empieza por restituir.
P.: ¿Por qué madre e hija se pasan leyendo la obra de Plinio el Viejo, escritor y comandante militar romano de los tiempos de Nerón?
V.S.: Es una de las claves de la novela. Ellas leen fragmentos de su Historia Natural como un oráculo. Plinio el Viejo dio en su Historia Natural instrucciones claras de que su libro no tenía que leerse del principio, sino que debía consultarse según la parte que interesara. Sugería, por ejemplo, que la gente dedicada a la agricultura leyera la parte de ese tema y que los interesados en medicina consultaran el libro cuarto. Su obra era una especie de enciclopedia antes de las enciclopedias. Se usaba su libro para hacer predicciones y solucionar esas predicciones.
P.: Y eso es lo que ellas buscan. ¿Por qué la novela está hecha de pequeños momentos atrapantes, que se descubre finalmente que son como mosaicos, piezas de un fabuloso puzzle?
V.S.: Esos mosaicos encierran varios planos. La novela tiene un sustrato arqueológico. Un sustrato mítico, de difusión del pensamiento antiguo. Y a través de un mosaico aparece Proteo, el dios griego del orden del mundo, el que ve el pasado, el presente y el futuro, y evita contar a nadie lo que ve. Cuando fui con Inaudi a Sicilia, a filmar para la promoción del libro unas escenas de la Villa Romana del Casale donde se supone que la nona, la bisabuela romana robó un mosaico con la imagen de Proteo. Cuando estaba contemplando el Pasillo de la Gran Cacería se me acercó un miembro de la comitiva italiana, jefe de cultura de las ruinas del Casale, y me dijo: al leer su libro he sabido que usted tiene un mosaico que nos pertenece (ríe)… le iba a decir: señor es ficción, es una novela; preferí decirle: sí, tal vez, y rápidamente me puse a hablar con otra persona. Lo vi que él se iba a hablar con unos carabinieri.
P: En la novela ese mosaico también tiene un valor enorme…
V.S.: De alguna manera encierra todas las capas de la historia: la familiar, la arqueológica, la mítica, la zoológica, la mineral. La novela se va abriendo en círculos concéntricos, desde un espacio pequeñísimo, íntimo, familiar, tejiendo su historia con el lenguaje privado del hogar. Luego se va abriendo a lo sociopolítico. Luego un círculo más amplio lleva a la arqueología y la mitología. Y finalmente en el más amplio está la etapa geológica, la de las piedras que hacen al mosaico de Proteo, una montaña en Túnez, otra en Egipto, los grandes hornos donde se fundía el vidrio en la región levantina. La novela funciona como un laberinto con muchas entradas. Puedes entrar por el mosaico de Proteo, por la humilde nana excavadora que lo roba, por la vida de Manuela, la niña, por todo lo que le pasa a Ela, la narradora, o si quiere la primera narradora. Esto tiene que ver con mi método de trabajo, escribo pequeños mosaicos de texto y los acumulo a lo largo del tiempo (este libro me llevó seis años) y finalmente me opongo a jugar con las arquitecturas posibles, siempre buscando como generar muchas entradas a la historia.
P.: Todo el tiempo está presente la inminencia de un final…
V.S.: La pregunta es: ¿cómo no sucumbir? Cada uno de los personajes está buscando no sucumbir al pensamiento catastrófico, a la idea de que ya todo se perdió. En la madre y la hija hay un intento de construir un dique de amor y cuidado por el mundo.
P.: Su novela además de leer se puede ver y escuchar…
V.S.: El libro contiene trazos de su escritura. En ese proceso están presentes tanto las fotografías como la grabación sonora. Primero estuvieron las fotos por los recorridos, que son como alfileres en un mapa, que luego me ayudan a encontrar la gramática interior de lo que estoy escribiendo, me llevan a armar secuencias, a entender lo que falta y los saltos que puedo hacer. Las fotos están sobre el final de la novela. Luego que terminé ”Desierto sonoro”, mi libro anterior, me quedé con ganas de hacer lo hacían sus personajes que eran documentalistas sonoros. El mundo sonoro de lo que sucede en “Principio, medio y fin” se puede escuchar escaneando el código que está en la página 355.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
V.S.: Empezando a hacer notas para algo que, ahora usted sabe, no sé qué será y tardo mucho en saber


