21 de septiembre 2006 - 00:00

Van Dam: el retorno del maestro

Recital de José van Dam. Piano: Maciej Pikulski. Autores varios. (Teatro Colón). 18/9.

El barítono belga José van Dam volvió a Buenos Aires para dos recitales organizados por el Mozarteum Argentino para sus ciclos de abono de esta temporada. Con una carrera deslumbrante que abarca la música de cámara, la sinfónico-vocal y la ópera, también el cine registró la imagen de autoridad dramática del gran cantante nacido en Bruselas. Con seguridad, la mayoría de los espectadores tendrán grabado en su memoria la presencia de van Dam en las recordadas «El maestro de música», (1988) y más atrás aun, el «Don Giovanni» que en 1976 Joseph Losey plasmó de matera magistral en la pantalla. Hace muy poco, el cantante ha completado un video con grabaciones de uno de sus máximos éxitos «El viaje de invierno», de Franz Schubert, sobre poesías de Wilhem Müller, un ciclo de canciones que también hizo en el Teatro Colón hace doce años.

Si bien su voz no es la misma de entonces -sería un milagro si así lo fuera- José van Dam mostró una presencia dramática excepcional, elemento ideal para la mediación de un repertorio camarístico que exige, como premisa primera, actitud, luego condiciones expresivas e idiomáticas rigurosas para la comunicación de un lenguaje lírico, ya provenga de Paul Verlaine, de Leconte de Lisle, o de algún otro poeta francés.

La dicción francesa del cantante fue fundamental para toda la primera parte del recital en la que creó climas de gran belleza con obras de Fauré, Duparc y Debussy. Potencia, volumen y firmeza no le faltan, algo que amalgama a las pequeñas sutilezas del idioma, a las palabras apenas susurradas, a la compulsión desesperada o a la contemplación del espectáculo de la naturaleza.

La afinación perfecta y el color algo metálico de la voz de van Dam aparecen como ideales en este tiempo de su carrera en la que ha acumulado experiencias múltiples con las más afamadas batutas del último siglo y algo de lo que va de éste. La segunda parte del recital, se dedicó a las arias de óperas y exceptuando tres de Mozart (para los personajes de Leporello, Fígaro y el Conde de Almaviva) cantadas en italiano de manera magistral, van Dam retornó a Francia y su creatividad musical lírica: Berlioz, Delibes, Bizet y Gounod, destacándose en los papeles de Mefistófeles de «La condenación de Fausto» (Berlioz) y de Fausto (Gounod).

Un brillante pianista polaco, Maciej Pikulski, que ya conocíamos aquí, acompañó todas las instancias sumando un pianismo de alta calidad, matices apropiados y permanente elegancia. En un alto del canto, Pikulski asombró con su virtuosismo en una «Fantasía sobre Rigoletto de Verdi», paráfrasis de Franz Liszt. De los dos bises ofrecidos luego de los aplausos sobresalió muy especialmente «La calumnia» rossiniana.

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