21 de marzo 2001 - 00:00
"Vengo del mundo que describe Benito Lynch"
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Julian Howard.
Periodista: ¿Así que a usted lo llamaban «el inglés de los güesos»?
Julian Howard: Sí. A mi padre lo llamaban «el inglés» y lo mismo a mi hermano. Yo nunca tuve motes, pero, más de una vez me han llamado «el inglés de los güesos». Es una figura mítica porque hay que ver que los que me ponían ese apodo no habían leído la novela. Yo la conocí en el secundario y me impresionó mucho, lo mismo que la versión cinematográfica con Arturo García Buhr. Pero en teatro ésta es la primera vez que se hace. Me enteré de que en 1936 se escribió una versión musical, pero nunca llegó a la escena.
P.: ¿Se siente muy identificado con el género gauchesco?
J.H.: Y... yo soy del campo. Nací en Rosario, pero nunca viví en una ciudad, hasta los dieciséis años cuando mi familia se mudó a Belgrano. Recién ahí tuvimos televisión, pero mi mayor diversión siguió siendo el campo. El padre de uno de mis amigos administraba treinta y pico de estancias, y a nosotros nos divertía ir a emplearnos como peones. Conocí muchísimos puestos de estancia en esa época, como ésos que describe Benito Lynch en su novela.
P.: Es un género que frecuentó varias veces en el teatro.
J.H.: Así es. En el '73 fue la primera vez que montamos con Los Volatineros -la compañía dirigida por Francisco Javier-, «Los casos de Juan», de Bernardo Canal Feijóo, que reunía una serie de relatos del nordeste argentino. Y en el '87, hicimos «El herrero y el diablo», de Juan Carlos Gené, en el Teatro San Martín. Yo encarnaba al diablo.
P.: ¿Qué aspectos de la novela decidió recuperar?
J.H.: De todas las líneas de la novela elegí una sola porque, si no, la obra duraría tres o cuatro horas. No elegí contar el choque de culturas ni las diferencias entre médicos y curanderos. Elegí contar la historia de amor entre el inglés y Balbina. Lo mismo que la novela, la obra empieza casi como una comedia, luego pasa al melodrama y termina en una tragedia, porque la chica se suicida.
P.: ¿Cómo resolvió el pasaje de lo narrativo a la escena dramática?
J.H.: Lo que yo hice fue lo siguiente: como la escenografía muestra el exterior de rancho, dejé en manos del nieto de la curandera el relato de lo que sucede ahí dentro. El personaje comenta con el padre y el hermano de Balbina todo lo que está pasando.
P.: ¿Cómo trabajó con los actores el modo de hablar y el espíritu de esos personajes campesinos?
J.H.: Fui con todo el elenco a Ranchos, cerca de Brandsen, el lugar donde vivió Benito Lynch. Los llevé a conocer gente de campo y trabajamos mucho la tonada, la respiración y los tiempos propios del campo. A mí me pasa con el campo lo que a otros les pasa con el mar. La gente se queda mirando el horizonte durante horas y se va cargando de inmensidad. Puede sentir la grandeza del universo, y eso es algo muy motivador. Pero a mí eso sólo me pasa frente a un horizonte de pajas bravas, una alambrada y nada más. Por eso, creo que es algo muy fuerte que en esa inmensidad ocurra una pequeña historia de amor como ésta, que nos obliga a salir de la alienación urbana, donde más allá de una cuadra no podés ver nada.




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