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27 de septiembre 2006 - 00:00

Willy Brandt, con aire shakespeariano

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Rodolfo Bebán encarnará a Willy Brandt en la obra «Democracia», de Michael Frayn (autor de «Copenhague»), desde el sábado en el Teatro San Martín.
El sábado próximo se conocerá en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín «Democracia», una de las piezas más exitosas de Michael Frayn (el autor de «Copenhague»), que fue estrenada en Londres, en 2003 y se basa en los últimos años de gobierno de Willy Brandt. Rodolfo Bebán encarnará al hombre que fue canciller de la República Federal Alemana entre 1969 y 1974, durante la Guerra Fría. y siempre abogó por la reconciliación de las dos Alemanias, por lo que se le concedió el Premio Nobel de la Paz en 1971 y al que se vio obligado a renunciar luego de descubrirse que Günther Guillaume, su asistente personal, era un espía del Este.

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En diálogo con este diario, Bebán dijo estar «conmovido por la personalidad» de Brandt, desde que leyó la obra. «No sólo por el perfil del personaje sino por cómo el autor manejó esta información dándole un giro dramático». «Democracia» fue definida como un thriller de espionaje «a lo John Le Carré», que describe una maraña de internas políticas pero que en realidad está centrada en la relación casi simbiótica que se establece entre Brandt y Guillaume, el hombre que lo traicionó.

Luego de interpretar a Juan Manuel de Rosas en «El sable» de Pacho O'Donnell, Bebán dice disfrutar con estos personajes ambiguos y contradictorios que se alejan de la típica reseña histórica. Pero se ríe cuando se le recuerda a «Marco el candidato», el político que interpretó hace doce años por «Canal 9».

«La diferencia es abismal. Esta es una gran obra. Ya se imaginará cuánto más rico es este personaje», aclara.

Traducida y dirigida por Hugo Urquijo, completan el elenco de «Democracia», Alberto Segado, Horacio Peña, José María López, Tony Lestingi, Luis Campos, Carlos Weber, Ricardo Díaz Mourelle, Carlos Kaspar y Gabriel Fernández.

Periodista: ¿La obra es estrictamente política?

Rodolfo Bebán: No. Frayn, al igual que Ibsen o que Chejov, tiene una gran sapiencia de la psicología humana y además es un buen conocedor de la maquinaria política. Salvando las distancias, yo encuentro mucha analogía entre lo que aquí muestra y los entornos políticos de nuestros mandatarios, que son muy nocivos en general, más allá de la capacidad que tengan estos gobernantes. La obra no sólo muestra cómo son las cosas en la alta política sino que además incluye un planteo ético y un conflicto humano complejo.

P.: ¿Investigó sobre la vida de Brandt para componer el personaje?

R.B.: Sí, suelo ser inquieto y por mis intereses literarios estoy acostumbrado a navegar en Internet. Es curioso que a Brandt siempre se lo haya conocido por su nombre de guerra y no por su verdaderonombre, Herbert Karl Frahm. Vi un documental muy interesante sobre su infancia, sus inicios en la socialdemocracia, sus peregrinaciones por el mundo escapando de los nazis y adoptando distintas identidades, su regreso a Alemania y el apoteótico recibimiento que tuvo en su viaje a Estados Unidos. Fue un gran estadista, de una sagacidad y unas virtudes descomunales, y a la vez un individuo que parecía ausente y como descolocado en lugares como la Casa Blanca. Se atrevió a ir a Israel, al Ghetto de Varsovia, donde dejó de lado el discurso que llevaba para ponerse de rodillas en homenaje a los caídos. Una vez se le escapó en un discurso «nuestros hermanos del Este» y muchos alemanes lo consideraron un insulto.

P.: ¿Y los defectos?

R.B.: Los tuvo, sí. Era débil por momentos, porque también era muy mujeriego, se excedía con el tabaco y el alcohol, y además solía tener unas depresiones tremendas. Pero lo que hizo en ese momentofue muy difícil en la historia.

P.: La obra aborda temas muy shakespeareanos como la traición o la ambición de poder. ¿Qué puede anticipar de la relación entre Brandt y Guillaume?

R.B.: Los dos eran muy solitarios y fueron creando un vínculo de mucha confianza. Brandt, al principio, rechazó a Guillaume porque le pareció un tipo servil, un vulgar chupacalcetas, pero cuando su jefe de seguridad le transmite algunas sospechas, él le contesta: «La sola posibilidad de que Guillaume no sea lo que parece ser lo hace infinitamente más tolerable» y lo deja. El también había sido espía en su momento y además tenía un entorno tan terrible que casi era mejor confiar en el enemigo. En realidad podría haber superado la traición de Guillaume, pero se sospecha que le sacaron fotos con otras mujeres como presión para hacerlo renunciar, cosa que él hizo para no agregar un disgusto más a su familia y a su esposa. Pero fíjese qué curioso, Helmut Schmidt, el hombre que le movió el piso -también un excelente primer ministro- durante sus años de gobierno siempre lo consultó a Brandt.

P.: Se nota que le gustó el papel...

R.B.: Siento una gran responsabilidad ante un personaje que ha tenido tanta capacidad y talento para desarrollar lo que le ha tocado vivir. Además, se suma la complicación de su cercanía y de su lejanía también, porque si hay alguien que no tiene que nada ver con Billy Brandt soy yo, sobre todo físicamente. En la época que toma la obra era un hombre más bien corpulento, recién en su vejez se convierte en un anciano delgado, espléndido, con una facha increíble. En el poster que tengo pegado en mi camarín tiene un gran parecido a Peter O'Toole, pero como dicen que lo esencial es invisible a los ojos... aquí estoy para representarlo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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