6 de diciembre 2004 - 00:00

Wim Wenders: "Hollywood no se inspiraría sin Europa"

Wim Wenders: «En los ’80 había perspectivas muy amargas sobre el futuro de Europa ante Hollywood. Pero por suerte el panorama es hoy muy distinto gracias a las nuevas generaciones de cineastas europeos».
Wim Wenders: «En los ’80 había perspectivas muy amargas sobre el futuro de Europa ante Hollywood. Pero por suerte el panorama es hoy muy distinto gracias a las nuevas generaciones de cineastas europeos».
Barcelona - El cine europeo celebrará el próximo sábado la gala de entrega de los premios a su producción del año. El cineasta alemán en cuya dilatada trayectoria destacan obras tan emblemáticas como «El amigo americano», «París Texas» o «Buenavista Social Club», Wim Wenders (Düsseldorf, 1945) ejerce la presidencia honorífica de la Academia del Cine Europeo. Dialogamos con él

Periodista
¿El cine europeo sobrevivirá ante Hollywood o ya perdió la guerra?

Wim Wenders: Europa es lo suficientemente fuerte para continuar proyectando sus propios sueños, y nuestro cine es necesario no sólo para nosotros sino también para el resto del mundo. Por tanto, creo que sobrevivirá a cualquier intento de ser engullido. Hollywood, además, necesita al cine europeo como una fuente constante de ideas y de rejuvenecimiento.


P.:
¿Francia es el ejemplo, o deben adoptarse otras medidas proteccionistas para preservar la identidad cultural europea?

W.W.: Los franceses han sabido proteger y desarrollar muy bien su cine. Pero todos los países de Europa están dando producciones independientes. Incluso países pequeños nos sorprenden con sólidas películas, jóvenes y frescas. Después de todo, considerando el pesimismo de mucha gente allá por los ochenta respecto al futuro del cine europeo, es un milagro que siga habiendo películas europeas tan buenas. La «identidad cultural» es actualmente un lugar común, se ha convertido en un cliché, pero hay mucho que decir todavía. Existe un nuevo entusiasmo en Europa, especialmente en todos esos jóvenes que muestran con tanta fuerza su desacuerdo con EE.UU.


P.:
El título de su película «El amigo americano» (1977), donde adaptaba a Patricia Highsmith, era muy irónico.

W.W.: Sí, absolutamente irónico. Se trataba de una relación de amistad del todo maliciosa, donde el ejecutivo y empresario Ripley engaña y abusa del fabricante europeo Jonathan (Bruno Ganz). Se podría ver una metáfora en estos dos personajes y, si se quiere, incluso podría explicar la seducción del público europeo por el cine americano. Es una teoría que he oído, pero cuando hice la película no pensaba en nada de eso. Lo único que pretendía era hacer un thriller y utilizar los patrones americanos para hacer una película al estilo americano pero con sensibilidad europea.


P.:
¿Usted redescubrió Europa a raíz de su experiencia americana?

W.W.: Durante mis siete años en Estados Unidos me di cuenta de que nunca podría llegar a ser un director norteamericano, que mi corazón siempre sería europeo. Esos siete años fuera de Alemania me llevaron a aceptar mi alma alemana. Cuando dejé los EE.UU., en 1984, fue también debido a Reagan y su desastrosa reaganeconomía, que inundó las grandes ciudades de cientos de miles de personas sin hogar. Por primera vez estaba ansioso por volver a Alemania.


P.:
En 1982 Coppola produjopara usted «Hammett» y, dos años más tarde, repitió en Hollywood con «París, Texas». ¿Sus personajes siempre están en perpetuo tránsito?

W.W.: Existen muchas posibles variaciones de la historia de Ulises. Mi mayor esfuerzo en este sentido fue «Hasta el fin del mundo», donde Penélope, por así decirlo, decide seguir a Ulises. De hecho, él es el eterno viajero y como yo considero mi profesión como la de un viajero profesional, por encima de todo, quiero seguir siendo fiel al mito. Por eso mi género favorito son las «road movies», las películas del camino. Acabo de filmar otra, también escrita por Sam Shepard, el autor de «París, Texas». Se llama «Don't come knocking», y en ella actúan Sarah Polley, Tim Roth y Jessica Lange.

P.: En «El amigo americano» le dio un papel al gran cineasta Nicholas Ray, con quien luego filmó la testamentaria «El relámpago sobre el agua».

W.W.: Dos años después a Nicholas Ray le diagnosticaron un cáncer. Nick sentía la necesidad de hacer otra película. No quería morir sin dejar algo que tal vez pudiera cambiar la imagen que de él tenían en América. Había sido muy criticado a raíz de su última gran película, «55 días en Pekín», por sus excesos con el alcohol y las drogas. De eso hacía ya mucho tiempo, pero su imagen de paria de Hollywood permanecía. Nick estaba limpio, había estado trabajando como profesor de cine y especialmente de actores, pero quería dejar un nuevo testamento tras su muerte. Así es que, de un día para otro, decidió que hiciéramos una película juntos, intentando utilizar de nuevo el personaje de Derwatt, el pintor muerto de «El amigo americano», que seguía pintando.


P.:
Pero derivó en algo muy distinto.

W.W.: Nuestros esfuerzos por convertir la vida de Nick en una historia de ficción se fueron al traste debido al rápido avance del cáncer, y nos vimos enfrentados a una realidad mucho más dura que nuestra historia. Contra nuestra voluntad, la película se convirtió en un documental sobre el declive de Nick y su lucha contra el cáncer. Muchas veces quisimos dejar de filmar, pero Nick nos lo impedía, y los médicos confirmaron que continuar era mucho mejor para él.Así que filmamos hasta el final, hasta el amargo final.

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