Nueva York (ASN) - Las apariciones públicas y los reportajes que concede Woody Allen no son moneda corriente. Por eso, la entrevista que le publicó el pasado fin de semana «The New York Times», además de su concurrencia al New Yorker Festival, no dejaron de llamar la atención. Y, como siempre, sus declaraciones dieron que hablar.
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«En mis películas no hay nada de arte, sino sencillamente terapia ocupacional», dijo Allen, en ese tono que puede ser tomado tan en serio como en broma. «Sólo rodé para poder mantener controladas mis peores depresiones», dijo el director de «Manhattan» y «Crímenes y pecados».
Profundizando aun más su humor negro, o su melancolía, agregó: «A mí las películas me dan igual. No hay problema alguno si cuando me muero acaban en el inodoro». Sobre su propia vida, estimó: «Yo habría sido mucho más feliz si hubiera podido ser un Marlon Brando, un Louis Armstrong, un Bud Powell o un Sugar Ray Robinson. Ni siquiera soy un intelectual. Desde luego, no paso todo el tiempo retirado en mi habitación con lecturas danesas».
En la misma entrevista, Allen dijo que su apego por la «literatura seria» se produjo en la adolescencia porque «me quedó claro que, instruido, tenía mejores posibilidades con las mujeres. Pero ahora, en vez de leer, me siento más veces con una cerveza en la mano para ver un partido de básquet».
Woody Allen, que en los 35 años de carrera rodó 34 películas, estrenará en agosto su última producción, que llevará por título «The Curse of the Jade Scorpion» («La maldición de Jade Scorpion»). Su penúltima película, «Ladrones de poca monta», todavía no fue estrenada en la Argentina.
Pese a su histórica timidez, Allen sorprendió al público que concurría al New Yorker Festival cuando habló ante unos 600 espectadores, entre los que se encontraban el escritor Salman Rushdie y el actor Steve Martin. En otro momento de la charla con el público, Allen manifestó que las comedias ya no lo satisfacen tanto como antes, y que sin duda elige el drama.
Hace dos semanas, Allen demandó a su ex socia, su buena amiga Jean Doumanian, que produjo muchas de sus películas. Según su versión, Doumanian lo estafó con los beneficios de ocho de sus películas. Actualmente, el actor-director produce para el estudio fundado por Steven Spielberg, Dreamworks.
Gustos
En otro de los pasajes de su charla, Allen se refirió al fenómeno de que sus películas gusten más en Europa que en su propio país, con excepción de Nueva York. Y esto es definitivamente así: la fama de Allen en los Estados Unidos es más mediática que resultado de un auténtico éxito, al revés de lo que ocurre, por caso, en Francia o en la Argentina.
«Ladrones de poca monta», una comedia clásica y con chistes aptos para todo público (a diferencia del humor procaz al que estaba llegando en sus últimas películas, como «Celebrity» o «Los secretos de Harry»), permitió que más público familiar fuera a verlo a las salas, por lo que se convirtió en un moderado éxito.
En los Estados Unidos, ninguna de sus películas tuvo tanta prensa y espectadores como el drama de su propia vida, cuando protagonizó el escándalo judicial con Mia Farrow luego de su affaire y nuevo matrimonio con la hija adoptiva de aquella, Soon Yi, que vino acompañado por otras acusaciones infamantes para su prestigio personal y su propia carrera.
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