4 de diciembre 2003 - 00:00

"YO NO SE QUE ME HAN HECHO TUS OJOS"

Ada Falcón
Ada Falcón
«Yo no sé que me han hecho tus ojos» (Argentina, 2003, habl. en español). Guión y dir.: S. Wolf y L. Muñoz. Documental.

E n pleno éxito, la cancionista de los '30 Ada Falcón dejó su palacete de Palermo Chico con la Bugatti en la puerta y, sin dar explicaciones, se fue a vivir pobremente hasta morir, ya nonagenaria, en un retiro religioso en las sierras. De ella y su rara decisión habla este atractivo documental, buen trabajo de amor que expone con gran cariño el encuentro del autor, primero con la voz de la diva, luego con su misterio, y al fin, tras largas averiguaciones con la propia artista, ya entonces apenas una viejita encerrada en sí misma, enfrentada a la película de su juventud.

El encuentro es también con un tiempo casi perdido, con los placeres de la música criolla, el viejo cine nacional, y el gusto de transmitir emociones. También puede decirse, sin malicia, que se trata de un documental de Sergio Wolf y Lorena Muñoz sobre Sergio Wolf y Ada Falcón, con un protagonismo del autor que podría resultar molesto, si no fuera precisamente por ese cariño sincero que le pone, y con el cual se larga a contar su propia experiencia en primera persona.

Y si no fuera, además, por el ingenio que tiene su historia, incluso en el uso de fragmentos de «La muerte camina en la lluvia» (el micrófono que baja para darle voz al relator del misterio), «La vuelta al nido» (las sombras de los «templos de aburrimiento» porteño), y muchas otras cintas que contribuyen a dar clima, entre ellas, por supuesto, «Idolos de la radio», la única donde aparece Ada Falcón. Acaso le faltó poner, también, el plano de un tren en la noche, viajando a la entonces tan lejana provincia de Córdoba, cuando el equipo sale a rastrear el destino de esa mujer, y la explicación de su misterio. ¿Será cierto que todo fue a causa de un amor contrariado con su manager Francisco Canaro?

Emotivo, el encuentro del investigador y la anciana de famosos ojos verdes. Unos ojos que, con toda lógica, se mantendrán adecuadamente ocultos a nuestra vista. Emotivo también, el doble final. Y brillantes, y tiernamente tristes, como un valsecito que se va yendo, unas fotos que se decoloran, o un local que cierra.

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