Zorayda Salazar en el teatro Avenida: ganadora como soprano
lírica del Concurso Pavarotti, la cantante colombiana
debuta en la Argentina.
Se verá en el teatro Avenida, a partir de hoy y hasta el domingo, una nueva producción de «La viuda alegre», de Franz Lehár. Su protagonista es la soprano colombiana, nacida en Cali, Zorayda Salazar y el director musical es el reconocido maestro Dionisio Riol. Salazar posee una rica carrera internacional. Ha cantado el papel de Anna de Glawari (la viuda alegre) en varios países, en castellano, y en Italia en italiano. En Latinoamérica lo hizo en Perú, en Chile y en Costa Rica.
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Zorayda viene de una familia muy musical y a los cuatro años ya había ganado su primer premio en un concurso de canto. «El premio era un par de medias blancas, y gané cantando 'Granada'», dice divertida. A los 17 años llegó el maestro Riol a Colombia y allí, tras conocerlo, comenzó a cantar en muchas zarzuelas de las que se ponían en su país. Terminó sus estudios musicales en Cali y esto le permitió acceder a teatros europeos como la Scala de Milán, entre otros. Con ambos dialogamos en un alto de los ensayos.
Periodista: ¿Por qué la elección de este título de tan larga tradición y frecuentación en Buenos Aires?
Zorayda Salazar: Yo creo que cada producción es diferente. Eso es lo bueno de la ópera, del género lírico... Todos estos espectáculos dependen del regista, del director musical que se ciñe a la partitura -por supuesto que no se descartan algunos cortes como es normal en la ópera o la opereta-. El año pasado nos encontramos con el maestro Riol cuando yo interpretaba Anna de Glawari en Colombia. a él le gustó. pues entonces me dijo: «hagámosla en Buenos Aires», y así surgió este proyecto de crear esta compañía lírica, un sueño que tuve desde hace mucho tiempo.
P.: ¿Cómo empezó ese proyecto?
Z.S.: Desde muy jovencita tuve grupos y en los años 1988-89, dirigí la ópera en mi ciudad. Ya llevo una cierta experiencia manejando grupos. También lo hice en Italia con mis alumnos y compañeros. Ahora con esta «Viuda Alegre», con un director de escena como Darío Innella, me doy cuenta de que es una compañía homogénea, con buen nivel del coro y orquesta
P.: ¿Esta es su primera visita a Buenos Aires ?
Z.S.: Aunque ya la conocía, profesionalmente, es la primera vez que actúo en Buenos Aires. Pasé cuando gané el Concurso Pavarotti. Lo gané en Brasil y luego vine aquí. Es casi una obligación pasar por Buenos Aires cada vez que uno puede.
P.: ¿Su registro es soprano?
Z.S.: Sí, soprano lírico ligera.
P.: ¿Y cómo hace una colombiana para transformarse en una dama vienesa de fin de siglo?
Z.S.: Esto va dentro de mi carácter. Me siento una Anna de Glawari como me siento una Musetta. El artista ama a los personajes y cuando nos compenetramos con ellos podemos interpretar desde el más dramático hasta el más alegre. Una Rosina me divierte mucho también. También interpreto la Gilda de «Rigoletto», con toda su tristeza. Nosotros, los de los países tropicales, tenemos esa sangre que nos sirve muchísimo para el arte, para esos personajes tan sanguíneos.
P.: ¿Y puede haber equivalencias entonces entre la sangre latinoamericana y la sangre vienesa de Anna de Glawari?
Z.S.: Le puedo decir que sí. Yo conozco el pueblo austríaco, he cantado en Austria y ha comprobado que tenemos cosas en común. A ellos por ahí les falta más fogosidad, algo que tenemos los latinoamericanos. Pero, producto de la cultura, sobre todo aquí en la Argentina se asemejan mucho a los vieneses. Por lo que yo he visto en esta producción, le puedo asegurar que ésta será una viuda muy, pero muy alegre.
P.: Riol, ¿por qué decidieron hacerla en versión española?
Dionisio Riol: Hacerla en alemán, subtitulada, en un país de habla española, hecha por gente que habla español tiene sus inconvenientes. Leer y ver la acción es dificultoso. En mi caso, no me preocupa lo que hace el Colón. El Colón tiene una ventaja que es su escenario, esas orquestas y esos coros, todo es enorme, pero yo he visto «La viuda alegre» en alemán y no es que no me gustó, pero el alemán tiene esa lentitud de interpretar hasta la música alemana. Nosotros hacemos una versión en castellano, con gente de habla castellana con la velocidad y la alegría que quizás no tienen los alemanes. Eso nos da una ventaja y esto no es competencia, No podemos competir con el Colón, pero a mí no me preocupa, es más, si la obra sale como la hemos preparado, va a gustar esta más que lo que vieron en el Colón.
P.: ¿En qué se basa su producción para afirmar esto?
D. R.: Primero porque está ensayada, está montada alegremente. Es pura alegría, puro vals, mazurcas, polkas, es una música alegre, invita al espíritu a manifestarse alegremente; después no es la clásica puesta con el coro estático, aquí nadie para de moverse, y los coros por lo general son bastante estáticos. Apenas comienza el primer acto y ya está el coro en pleno movimiento en la Embajada de Pontenegro. Yo creo que es una diferencia importante la que le hemos impreso, yo le he dado una dinámica muy especial para que nada resulte pesado.
P.: ¿Esto tiene que ver con su experiencia con la zarzuela española, que ya data de varias décadas?
D R. : Con la zarzuela española estamos haciendo lo mismo que hicimos con «La viuda alegre». Antiguamente la zarzuela era también estática y sobraba con cantarla bien. Ahora nos hemos dado cuenta de que hay que hacerla con mucha chispa como hicimos en la versión de Colombia. Ahí se me ocurrió que esa puesta debería conocerse en Buenos Aires. Y aquí estamos.
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