22 de noviembre 2022 - 00:00

García Freire: una voz vigorosa del Ecuador

Definida su primera novela por The New York Times en 2019 como “la mejor escrita en español”, acaba de editar “Trajiste contigo el viento”.

natalia garcía freire. Autora de “Trajiste contigo el viento”.
natalia garcía freire. Autora de “Trajiste contigo el viento”.

Historias que instalan el mundo rural entre la locura, lo fantástico y el horror como “Trajiste contigo el viento” (Tusquets) de la ecuatoriana Natalia García Freire son ejemplos de lo que se ha dado en llamar el “gótico andino”. Natalia García Freire se hizo ampliamente conocida al ser elegida su novela “La piel muerta” por The New York Times como la mejor escrita en español en 2019. Desde Cuenca, donde vive, dialogamos con ella.

Periodista: ¿Fue la maldición qué lanza una mujer a su pueblo tras la muerte de su madre, ser despojada de sus animales, su casa y sus tierras, lo que le permitió unir el mundo rural con lo fantástico?

Natalia García Freire: Hay un horror que se da irremediablemente cuando chocan dos mundos. En nuestro caso, se da entre el ancestral, mitológico, de esta zona donde las montañas son territorios sagrados, y el de la religión católica. Surge una violencia muy fuerte. No hay entendimiento entre esos dos mundos sagrados, uno quiere destruir al otro. Yo buscaba entender mi mestizaje. Mi dimensión sagrada no pertenece a ningún lado. No conservo creencias indígenas, aunque están presentes en mi vida de muchas maneras. Tampoco estoy pegada al catolicismo, a pesar que me eduqué en un colegio de monjas, en la imposición y la obediencia. Traté de explorar las formas de un imaginario que está todo el tiempo en choque por las creencias, como pasa en lugares de Latinoamérica con una historia colonial e indígena que se tiene aún muy presente.

P.: ¿Su novela andina se vuelve un policial por los testimonios de la maldición que está haciendo desaparecer el pueblo?

N.G.F.: Soy fanática del policial, que convierte al lector en un detective que va tras el enigma. Mi novela “Trajiste contigo el viento” tiene como referente “La cruzada de los niños” de Marcel Schwob, novela que es un conjunto de testimonios y al final hay un hueco para que uno arme la historia. “Las puertas del paraíso” de Jerzy Andrzejewski, tiene una estructura similar. Me gustan esas novelas porque en ellas hay un huequito para el lector. En mis novelas me interesó dejar ese hueco, una silla vacía donde está el otro y completa el sentido. En “Twin Peaks” David Lynch parodia una serie policial y uno se queda con el hueco de lo que no se resuelve. Es un regalo porque eso lo llena al lector de ideas, emociones, horror. Me interesa que el lector sienta cosas que sentimos poco porque hoy casi todo está destinado meramente a entretener. Me atrae que el lector se quede con una sensación de espanto, rondando el enigma.

P.: ¿Qué tienen en común sus dos novelas?

N.G.F.: Nacen de mi inquietud por la locura el horror. “Nuestra piel muerta” es una carta de amor a la casa de mis abuelos, que fue a la vez paraíso e infierno. Fue como escribir a mis muertos. Cuando éramos chicas con mis hermanas escribíamos cartas a nuestros muertos, las llevábamos al cementerio y les prendíamos fuego para que llegaran a ellos. Era un ritual. La escritura busca lo mismo, alcanzar a otro que está en otro espacio, en otro lugar, en otro tiempo. Hay algo personal en las dos, lo pesadillesco, un trastorno familiar que tratamos con humor. “Nuestra piel muerta” tiene una evidente influencia de Rulfo, y “Trajiste contigo el viento” de “Eisejuaz” de Sara Gallardo, que es una explosión de lenguaje....

P.: Sabemos poco de las letras ecuatorianas, apenas si de Jorge Icaza. Ah, y de Jaime Durán Barba…

N.G.F.: (ríe): Lo sentimos, lo sentimos. Tenemos la maldición de estar entre medio de Perú y Colombia, en medio de Vargas Llosa y García Márquez. Eso acaso nos provocó un sentimiento cultural de inferioridad. Bueno, en el “boom” por nosotros participó el gran escritor ecuatoriano “Marcelo Chiriboga”, inventado por el chileno José Donoso con la complicidad del mexicano Carlos Fuentes. Chiriboga es la perfecta metáfora de lo que hubiéramos querido tener, alguien internacionalmente reconocido que estuviera junto a los otros grandes de la región.

P.: ¿Las mujeres dieron un impulso internacional a la literatura del Ecuador?

N.G.F.: Fue algo subterráneo que se fue gestando durante muchos años y ahora ha tenido resonancia, sobre todo a través de autoras como Mónica Ojeda o María Fernanda Ampuero. Tanto ellas como yo salimos a estudiar afuera y también comenzamos publicando afuera. Y ahí se vuelve notable esa cosa tan fea de que es necesario el reconocimiento externo para que finalmente te reconozcan dentro. Hoy hay en Ecuador autores buenísimos a los que no se les da real importancia. Por suerte han aparecido las editoriales independientes que están ayudando a descubrir talentos. Las autoras ecuatorianas han hecho un trabajo duro que ahora está dando sus frutos. Se establecieron relaciones internas y externas. Hoy estamos más conectados, las redes colaboran.

P.: ¿Ayuda que no se diga que hacen realismo mágico?

N.G.F.: Es que no lo hacemos. Bueno, ahora dicen que las novelas de Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero y la mías son “representantes del género gótico andino”. Esa definición se ha puesto de moda y ya no se puede hacer mucho. Lo mejor sería que esa etiqueta nos integrara en una forma diferente de la narrativa actual. ¿Yo hago gótico andino y Mariana Enríquez gótico porteño? Espero que ese calificativo no nos marque con cierta rareza, porque yo temo al folklorismo, al exotismo, porque eso es engañoso y parece fácil exportar de los países de la cordillera.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

N.G.F.: Cuentos, y empezando una novela basada en personajes de la tecnocumbia, como Sharon La Hechicera, un poco parienta de la Gilda de ustedes. Un tema que no me aleja de mi interés por lo trágico, lo familiar, lo fantástico.

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