Mientras las calles de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores permanecen atestadas de bolsas de residuos, crece con las horas el riesgo de la aparición de un brote infeccioso. Teniendo en cuenta que los porteños generan 6.000 toneladas diarias de basura, un simple cálculo indica que en los tres días de conflicto se acumularon 18.000 mil toneladas de desechos. Desde el Ministerio de Espacio y Ambiente Público estiman que se recolectó "muy poco, no más del 30% del total", por lo que cerca de 14 mil toneladas descansan sobre los cordones de las veredas y en containers plásticos, que se convierten en una fábrica de incubación, lenta pero segura, de distintas enfermedades.
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"El primer día se pudo recolectar bastante, pero las 48 horas siguientes casi nada. En total no pasará del 30%, aunque mantuvimos el servicio en alerta para puntos críticos y hospitales", explicaron a ámbito.com desde la cartera ambiental porteña.
Para Pablo Bonvehí, presidente de la Asociación Argentina de Infectología, el escenario presenta diversos riesgos. "Una de las infecciones comunes en estos casos es la leptospirosis, transmitida por el contacto con la orina de los roedores que pululan en mayor cantidad" por la presencia de residuos en la vía pública, aseveró. Lo más común es que el virus se encuentre en aguas estancadas o con poco movimiento, y la infección se produzca a través de la piel y las mucosas.
Otro peligro latente es la Hepatitis A. "En este caso, el contagio suele producirse a través de alimentos contaminados con materia fecal y continuar con distintas sustancias que dan lugar al origen de un brote", explicó Bonvehi, aunque aclaró -para no generar falsas alarmas- que la Hepatitis A "inicialmente tampoco es tan fácil de transmitir".
Más factibles, pero potencialmente menos agresivas, son otras afecciones, como "enfermedades parasitarias o la inhalación de partículas de algunos hongos ambientales, que siempre están presenten, pero en menor medida que ahora. Es especialmente riesgoso para personas alérgicas, asmáticas o con las defensas muy bajas porque los hongos desprenden esporas que flotan y son fáciles de inhalar", sostuvo Bonvehi en diálogo con este medio.
Tampoco hay que descartar que a veces, por negligencia, entre los residuos se descartan jeringas y agujas usadas, que pueden contener enfermedades. En los centros médicos las medidas de seguridad para tirar esos materiales son más exigentes, pero no ocurre lo mismo entre los pacientes particulares con medicación endovenosa o adictos a las drogas. Este es un peligro diario, que se potencia si los desechos permanecen más de 24 horas al aire libre, en bolsas que en muchos casos se deterioran con facilidad.
Por su parte, el Director del Instituto "Luis Pasteur", Oscar Lencinas, consideró con mayor cautela que "aunque la putrefacción de los alimentos aumenta el riesgo de que se genere un foco de infección, nos favorecen las bajas temperaturas". El clima es un aliado. En estas condiciones, calcula, los parámetros sanitarios pueden mantenerse bajo control "hasta seis o siete días". Un registro térmico superior a los 30°, o lluvias que generasen congestión de las bocas de tormenta, hubiesen generado un cóctel imprevisible.
Un hábito que no ayuda
Este descarte compulsivo de los distintos tipos de basura es otro de los factores que acrecientan los temores en una situación como la que atraviesa la Capital Federal por estas horas. "Si estuvieran los residuos separados en plástico, cartón y vidrio, sería mucho menor el impacto que puede ocasionar la actividad de los roedores, y las bolsas despedirían mucho menos olor", sostuvo la especialista en tratamiento de residuos Consuelo Bilbao, de la ONG Greenpeace.
"En principio, el material orgánico no es tóxico de por sí. Lo que sucede es que al ser mezclado con el resto de los elementos, como con pilas y baterías, la humedad genera los líquidos que producen emanaciones. Si yo separo lo orgánico, todo lo que puede producir un olor indeseable lo tengo en una sola bolsa y no tengo 20 bolsas distintas", agregó Bilbao en conversación con ámbito.com.
En un segundo término, ese líquido termina en las napas del suelo y también tiene impacto en el relleno sanitario, ya que al descargarse todos juntos los productos pierden las condiciones para ser reciclados. "Si separáramos cada uno de ellos en nuestra casa podríamos mitigar el impacto. Estamos teniendo cada vez más basura y hay que recordar que una vez que está en la calle se puede hacer poco", lamenta la ambientalista.
El conflicto y el futuro
El conflicto por la basura se originó luego de dos días de paro de los trabajadores del Ceamse, que motivaron la interrupción de la recolección de residuos, ya que los camiones no podían ingresar a la planta procesadora. Una vez que levantaron la medida de fuerza, el servicio fue afectado por un piquete en el acceso al relleno sanitario de los empleados de las plantas de recuperación, en reclamo de "un reconocimiento" por el servicio de "cartoneo" que realizan.
Ahora los recicladores cesaron la protesta, pero desde la cartera de Ambiente Público advierten que normalizar la situación demandará un día y medio por cada día de paro. O sea, hasta el próximo sábado a la mañana.
Una vez más la Ciudad eludió una situación de "emergencia sanitaria", pero quedó al borde de sufrir consecuencias mayores de un dilema moderno a resolver: el de generar desechos a gran escala y no poder gestionarlos de manera eficiente.
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