Cuando faltaban 7 minutos para las 10:00, una Trafic blanca convertida en coche bomba estalló contra la entrada del edificio de la AMIA, y transformó al 18 de julio de 1994 en uno de los días más negros de la historia argentina.
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La Asociación Mutual Israelita Argentina había sido creada en 1894 por grupos de inmigrantes judíos, y tenía por objetivo brindar ayuda y asistencia a las personas de esa comunidad que planeaban radicarse en el país.
En el año del atentado, los integrantes de la AMIA trabajaban (en la sede de Pasteur 633, de esta capital, inaugurada en 1945) en el armado de distintas actividades, con el fin de festejar el primer centenario de su creación.
Dos años antes, el 17 de marzo de 1992, la comunidad judía había sido objeto de otro atentado, cuando una camioneta Ford F-100 explotó frente a las puertas de la Embajada de Israel y dejó un saldo de 27 víctimas fatales y más de 100 heridos.
El 15 de julio de 1994, una Trafic blanca fue estacionada en la playa de estacionamiento Jet Parking, a tres cuadras de la AMIA.
Tres días después, a las 9:53, ese vehículo, cargado con 400 kilos de un explosivo de nitrato de amonio, TNT y nitroglicerina amonal, se estrelló contra el edificio de la calle Pasteur.
La explosión produjo 85 muertos, 300 heridos, un cráter de seis metros de profundidad y daños materiales por 15 millones de pesos, mientras que la onda expansiva dejó sin agua y sin luz a las manzanas vecinas y destruyó decenas de propiedades de la cuadra.
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