2 de mayo 2005 - 00:00

Belgrano: un torpedo "tocó" a otro barco

Se supo ahora, a 23 años del hundimiento del General Belgrano. Documentos secretos revelan que el submarino inglés Conqueror lanzó tres torpedos y posiblemente un cuarto contra el grupo naval conformado por el crucero y los destructores Piedrabuena y Bouchard. Se ha dicho e interpretado en la política que Margaret Thatcher ordenó el ataque al crucero para neutralizar la tregua y la negociación sugeridas por el presidente peruano Fernando Belaunde Terry. Los datos inéditos del diario de guerra secreto de uno de los destructores escolta no deja lugar a dudas. La operación de ataque submarino se entabló contra las tres naves de la Armada Argentina. De haber explotado el tercer torpedo, el efecto político hubiera sido devastador.

El diario secreto del día 2 de mayo -texto al que accedió este cronista- muestra la secuencia que permite reconstruir esos momentos: -a 1607, D-26 (en la codificación naval, identifica al destructor Bouchard) informa a C-4 (identifica al crucero Belgrano) golpe por su banda de babor. Reitera llamado y al no tener ligazón (N.R.: el crucero estaba imposibilitado de comunicarse, ya que había sido torpedeado), llama a D-29 ( identifica al destructor Piedrabuena), que tampoco puede ligarse con C-4. -a 1610 se cubre a bordo combate A/ S (abreviatura en la jerga naval, «antisubmarino»). Implica adoptar medidas para detectar un submarino y atacarlo. -entre 1620 y 1625 intercambio de información entre D-29 (Piedrabuena) y D-26 (Bouchard) sobre características de golpe, si pudo haber sido explosión en C-4, y si se observa en ese buque escora explosiones o humo. -ante certeza del D-26 (Bouchard) de haber recibido torpedo sin explotar, o bien explosión próxima de uno, decido abrir distancias, asumiendo un ataque submarino a la fuerza.

El comandante del submarino británico Conqueror, John Wreford-Brown, en su declaración ante los medios de prensa de la época, dijo que lanzó sus torpedos (dos) contra el Belgrano y luego se retiró de la zona. Sin embargo, el capitán de fragata Horacio Grassi, comandante del Piedrabuena, no pensó lo mismo como se lee en otra parte del diario de guerra secreto. Allí se consigna que un avión antisubmarino Neptune de la Aviación Naval, matrícula 2P-111, enviado el 3 de mayo para la búsqueda de los sobrevivientes del naufragio, dio el alerta por un «rumor hidrofónico» (en la jerga naval, un posible contacto submarino). La aeronave había lanzado sonoboyas, artefacto que permite escuchar los sonidos bajo el agua y detectar si corresponden a los que hace un submarino navegando en inmersión.

• Rescate

De acuerdo con el documento secreto al que accedió este diario, el comandante Grassi ordenó a los dos escoltas navegar a máxima velocidad con todas las luces encendidas hasta el punto en donde se había perdido el contacto con el Belgrano en búsqueda de náufragos aun con el riesgo de ser nuevamente torpedeados. El jefe de armamento del Piedrabuena era el entonces capitán de corbeta Juan Rolón (hoy encarcelado tras la reapertura de la causa ESMA), quien, al finalizar el conflicto, recibió, como tantos veteranos, el diploma de reconocimiento del Congreso de la Nación firmado por Eduardo Menem, presidente provisional del Senado, y por Alberto Pierri, presidente de la Cámara de Diputados. Estuvo a cargo del rescate de un centenar de náufragos del Belgrano que eran izados al destructor desde las balsas con mar agitado por una tormenta que, según los registros de bitácora, armó olas de más de diez metros de altura. En el país, como en otros, siempre ocurre que tras la finalización de un conflicto bélico vienen los interrogantes. Y la Armada tuvo los suyos. Se cuestionó la demora de los destructores en concurrir al rescate de los marinos del Belgrano. El capitán del Bouchard, Washington Bárcena, explicó que el Conqueror disparó tres torpedos. «Dos dieron en el Belgrano, pero el tercero siguió de largo y casi nos impacta a nosotros. Explotó justo ante nuestro casco, causando cinco grietas en el metal.» Dos fuerzas de tareas británicas se enviaron al Atlántico Sur, una al mando del almirante Sandy Woodward, la TF 317 con portaaviones y sus escoltas y la «invisible» TF 324 conformada por submarinos (el Conqueror) que, de acuerdo con la doctrina británica, operaba independiente en un área marítima asignada en la que todo blanco detectado era considerado hostil. El comando de las dos fuerzas lo ejercía el almirante John Fieldhouse, desde la base Northwood, cerca de Londres y del poder de Margaret Thatcher. La manera en que la administración Thatcher utilizó la guerra de Malvinas para ganar las elecciones en 1983 hizo resurgir la politización del caso Belgrano y las sospechas sobre la razón del hundimiento.

El parlamentario laborista Tam Dalyell, un veterano representante de Escocia, que dejó la política el 9 de abril pasado, fue la única voz que se alzó en Gran Bretaña para cuestionar las circunstancias que motivaron la orden de Margaret Thatcher de hundir al Belgrano. Impulsó una investigación, hasta ahora, sin resultados. Ahora, los datos que aporta el diario de guerra suman masa crítica a ese interrogante: no sólo el viejo Belgrano fue blanco del Conqueror, también lo fue el destructor Bouchard, y no es descabellado pensar que el Piedrabuena haya estado en la mira del submarino nuclear.

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