9 de junio 2011 - 22:37
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María Marta García Belsunce
Maciel contó que alrededor de las 21.30 de aquel domingo 27 de octubre y luego de que se supiera que María Marta había fallecido, él estaba con el entonces presidente del country, Alberto White, cuando desde la guardia le informaron que de un country vecino, La Martinica, avisaron que un patrullero estaba llegando a Carmel.
Por su parte, Catalina Vargas, la ex mucama de la familia Bártoli que durante toda la causa por el crimen de María Marta García Belsunce comprometió a la familia, mencionó en el juicio una llamada telefónica que beneficia a sus ex patrones.
Vargas continuó la declaración que el pasado 30 de mayo ya había comenzado a exponer ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de San Isidro, hasta que, por sus problemas de memoria, los jueces ordenaron someterla a una pericia psiquiátrica que concluyó que estaba en condiciones de ser testigo.
Con los mismos inconvenientes de memoria que tuvo en aquella oportunidad, Vargas continuó relatando lo que ya había empezado a describir en la jornada anterior y que a lo largo de la historia de la causa, comprometió a Carlos Carrascosa y a su ex patrón Guillermo Bártoli.
Recordó que aquel domingo 27 de octubre de 2002, al término del partido River-Boca, ella escuchó el top de las 6 de la tarde en la radio, fue al living de la casa a levantar las tazas de café y a acomodar los almohadones y que allí "no había nadie".
Esta afirmación siempre se contrapuso con la versión de Carrascosa y Bártoli, respecto a que después del superclásico, se quedaron en el living viendo el segundo partido entre Independiente y Rosario Central y que recién cuando el equipo de Avellaneda convirtió el primer gol, el viudo se retiró a su casa.
Para la fiscalía este horario siempre fue clave, porque indicaría que a la hora en que asesinaban a María Marta -entre las 18.20 y las 19-, Carrascosa y Bártoli no estaban en el lugar que ellos dijeron estar.
Sin embargo, Vargas se acordó de algo que no figura en ninguna de las tres primeras declaraciones que realizó en la causa: primero en 2003 ante el fiscal Diego Molina Pico, después en un careo con Carrascosa y en 2007 en el juicio oral con el viudo.
Dijo que mientras ella acomodaba el living en la casa sonó el teléfono y que cuando ella se acercó para atender "dejó de sonar" porque atendieron y que al instante escuchó a su entonces patrona, Irene Hurtig, diciendo a los gritos que había que llamar a una ambulancia.
"Escuché a la señora que decía `llamen a la ambulancia` desde el living. Yo escuchaba que iba rápido y por el lado del pasillo. No sé a quién se lo decía", comentó Vargas. También recordó que escuchó, pero no pudo ver, que de la casa "dispararon", en alusión a que alguien salió con urgencia.
Esta parte del relato beneficia al matrimonio Bártoli porque coincidiría con la versión de la familia respecto a que Carrascosa, al llegar a su casa y encontrar a su mujer en la bañera, llamó a esa casa para pedir ayuda y sus cuñados salieron rumbo a la casa. "¿Cómo se explica que ahora introduzca este elemento? ¿Usted mintió?, le preguntó la presidenta del tribunal, la jueza María Elena Márquez, a lo que la testigo contestó: "No, lo que pasa es que me olvido".
"Lo que está diciendo acá, ¿lo está inventando?", insistió la jueza y Vargas respondió: "La llamada existió". "Tengo 24 años en la función judicial. Soy un funcionario público y si estoy frente a un delito debo denunciarlo. ¿Por qué usted no dijo esto en las cuatro o cinco oportunidades que ya declaró?", le preguntó el juez Alberto Ortolani.
Vargas, algo nerviosa y confundida, como a lo largo de todo el interrogatorio, dijo: "No me lo habrán preguntado". La ex mucama de los Bártoli exasperó a los jueces con sus lagunas de memoria al punto que en un momento parecía que podía quedar detenida por reticente, pero finalmente cuando se agotaron las preguntas, la dejaron ir.
Vargas fue una de las testigos clave del fiscal Molina Pico para demostrar que Carrascosa y Bártoli mintieron y es uno de los testimonios tomados en cuenta por el Tribunal de Casación bonaerense cuando en 2009 condenó al viudo a prisión perpetua por el homicidio calificado de su esposa.



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