11 de abril 2008 - 00:00

Cientista, Tom Cruise

En sus meses de campaña, Cristina de Kirchner se declaró hegeliana. Claro, una cosa es meditar sobre lo real y otra, bastante más cruda, es enfrentarlo (los reclamos del campo, por ejemplo). Quizás por ese detalle a la Presidente no se la vio ni oyó demasiado filosófica en los últimos meses. Pero ayer, posiblemente influida por los recientes aires parisienses y sus marchas cercanas a La Sorbonne, volvió a caer en esa terminología setentista que tanto la tienta. Durante el acto -reconciliación de ella con Juan Schiaretti- en el que anunció el llamado a licitación del ferrocarril San Martín, luego de soltar una larga y pobre metáfora, indigna de la Ecole Pratique Des Hautes Etudes («éste es un país que estaba en el andén esperando que desde alguna parte alguien dijera el inmenso valor de poner en marcha un gigante que estaba como adormecido»), la mandataria tal vez creyó necesario compensarla con algo de dialecto semiótico y dijo: «Es hora de que podamos relatar esta experiencia histórica. Los cientistas sociales tienen una importantísima tarea en esta reinvención de la Argentina: la del relato». El término «relato», al igual que «discurso», fascina a la Presidente. Sin embargo, si al hablar de «cientistas sociales» quiso referirse a los sociólogos o a los «comunicadores» (como interpretó una agencia de noticias), lo hizo en portugués en lugar de hacerlo en correcto español. En portugués, el cientista social es el sociólogo. En español, pese a que ya hay una asociación así denominada y fundada en Montevideo en 1994, ésta sólo se ocupa de fenómenos religiosos: los Cientistas Sociales de la Religión. Y corre otro riesgo Cristina al expresarse así: hay quienes llaman «cientistas» a secas a aquellos devotos de la cientología, como Tom Cruise y John Travolta, una religión más bien hollywoodense. Todo poco científico, demasiado cientista.

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