9 de mayo 2008 - 00:00
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El lunes, usó la misma ropa que hace dos meses, el traje color lavanda bordado con lunares rosados, de saco mangas tres cuartos, cuello amplio de solapa redonda y botones rectangulares engamados. Imposible olvidar ese estampado. Ocurre que el print a lunares o polkadots -como los llaman en el mundo de la moda-es un símbolo del siglo XIX en Europa y los Estados Unidos, que Chanel recuperó en la década del 30 y forman parte de la propuesta de los diseñadores europeos esta temporada, impulsado principalmente por Givenchy. «Este conjunto es ideal, el más correcto de esta semana. Moderno, sobrio y en la gama de colores que más le favorece, que es la de tonalidades frías», dijo Ducos, quien además insistió en que «la Presidente debería optar por modelos como éstos, más discretos, que no le quitan atención cuando sale a escena, cuando lo que importa es su discurso, su oratoria y es con eso con que debe captar la atención».
El martes, falda plisada, chaqueta y zapatos estiletos en azul eléctrico. «Un conjunto poco apropiado para el día. Además, la gargantilla le terminaba por dar un aspecto muy cargado. Ya de por sí la tela del traje era llamativa, por lo que hubiera sido mejor no llevar ninguna joya al cuello», aseguró la especialista en imagen. La novedad fue el peinado más voluminoso que de costumbre, que el casco batido, que le daba un aspecto savage a su look, ese día.
El miércoles, volvió al brushing y también rescató las prendas que usó el 11 de marzo. Un tailleur en bouclee en la paleta de los azules, con deflecado en las mangas y bolsillos del saco que casi parecían plumas, y la misma camisa de algodón floreada y los zapatos rosados. La única diferencia fue en la bijou: en aquella oportunidad complementó el conjunto con un collar de perlas, esta vez mantuvo la misma gargantilla, comodín de la semana.
«Están mal combinadas las texturas. Para complementar el bouclee de la chaqueta tendría que haber elegido una blusa lisa», dijo la diseñadora, quien rescató en cambio el peinado. «La cara despejada, sin el flequillo, la favorece. Y también fue acertada la elección del peinado lacio.




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