Este procedimiento puede indicarse ante problemas en las trompas de Falopio, alteraciones de la ovulación, endometriosis, determinados problemas relacionados con el esperma, infertilidad sin causa identificada o cuando existe riesgo de transmitir determinadas enfermedades genéticas.
También puede ser una alternativa cuando la edad dificulta la concepción y en situaciones en las que se necesita recurrir a óvulos, espermatozoides o embriones donados.
La FIV no significa que el embarazo esté garantizado. La respuesta al tratamiento y las posibilidades de conseguir un nacimiento dependen, entre otros factores, de la reserva ovárica, la calidad de los óvulos y embriones, la causa de infertilidad y el estado general de salud.
Cómo es el proceso para un posible embarazo
Antes de llegar a la instancia de colocar un embrión en el útero, existe una serie de estudios y procedimientos destinados a conseguir óvulos, fecundarlos en el laboratorio y seleccionar el momento adecuado para realizar la transferencia.
De acuerdo a lo que explica la Clínica de Fertilidad y Medicina Reproductiva In Vitro Buenos Aires se tiene que seguir estos pasos:
1. Evaluación médica previa
El equipo especializado analiza la situación reproductiva de la paciente y determina si la FIV es una alternativa adecuada. Entre los estudios pueden incluirse análisis de sangre, evaluación de la reserva ovárica, ecografías de los ovarios, estudios del útero y análisis de semen cuando se utiliza esperma de la pareja.
También pueden solicitarse estudios para detectar enfermedades infecciosas y, según el caso, pruebas genéticas.
La evaluación adquiere mucha importancia cuando se trata de una mujer de edad avanzada. La disminución de la cantidad y calidad de los óvulos con el paso de los años puede reducir las probabilidades de obtener embriones capaces de desarrollarse correctamente.
Además, puede estar relacionar con un aumento del riesgo de aborto espontáneo.
2. Estimulación de los ovarios
En un ciclo natural suele madurar un solo óvulo. En la FIV se administran medicamentos hormonales para estimular los ovarios y conseguir que varios folículos, que son las estructuras que contienen los óvulos, se desarrollen al mismo tiempo.
Para esto, a partir del inicio de la menstruación se indica por aproximadamente 10 días unas inyecciones de auto aplicación subcutáneas.
Durante esta etapa se realizan controles mediante ecografías transvaginales y análisis de sangre para comprobar cómo responden los ovarios y ajustar la dosis si es necesario. Esta fase suele extenderse durante una o dos semanas, aunque la duración puede variar según cada paciente.
3. Extracción de los óvulos
Cuando los folículos alcanzan el desarrollo esperado, se administra una medicación para completar la maduración de los óvulos y se programa la extracción.
El procedimiento, denominado aspiración folicular o recolección de óvulos, se realiza con una aguja fina guiada mediante ecografía. El especialista accede a los folículos a través de la vagina y aspira su contenido para recuperar los óvulos.
La intervención suele hacerse con medicación para evitar el dolor y dura aproximadamente unos minutos. Después pueden aparecer molestias abdominales, presión o cólicos leves.
Aunque es un procedimiento habitual, existen posibles complicaciones, como sangrado, infección, lesiones o reacciones relacionadas con la anestesia.
4. Obtención y preparación de los espermatozoides
El esperma puede proceder de la pareja o de un donante. Cuando se utiliza una muestra de semen, el laboratorio separa los espermatozoides y selecciona los que presentan mejores características para intentar la fecundación.
Si existe una cantidad muy baja de espermatozoides o problemas en su movilidad, los especialistas pueden recurrir a una técnica denominada inyección intracitoplasmática de espermatozoides, conocida como ICSI. En este procedimiento se introduce directamente un único espermatozoide dentro de un óvulo maduro.
5. Fecundación en el laboratorio
Los óvulos maduros se colocan junto con los espermatozoides en condiciones controladas para favorecer la fecundación. En otros casos se utiliza directamente la ICSI.
Una vez que un óvulo es fecundado comienza el desarrollo embrionario. El laboratorio controla los embriones durante los días siguientes para comprobar cuáles evolucionan adecuadamente. Generalmente, los embriones continúan desarrollándose durante varios días antes de decidir los que serán transferidos.
En determinados casos pueden realizarse estudios genéticos previos a la transferencia. Estas pruebas permiten analizar algunas alteraciones genéticas o cromosómicas específicas, aunque no permiten descartar todos los posibles problemas de salud.
6. Preparación del útero y transferencia
Una vez seleccionado el embrión que será transferido, se coloca mediante un catéter delgado que atraviesa la vagina y el cuello uterino hasta llegar al útero. El procedimiento generalmente no requiere cirugía y puede producir solamente molestias o cólicos leves.
El objetivo es que el embrión se adhiera al revestimiento interno del útero y continúe allí su desarrollo. Los embriones que no se transfieren pueden conservarse mediante congelación para utilizarlos posteriormente, de acuerdo con las decisiones médicas y personales.
7. Espera y prueba de embarazo
Después de la transferencia comienza el período de espera hasta comprobar si se produjo la implantación. Durante este tiempo puede indicarse progesterona para favorecer el mantenimiento del revestimiento uterino.
Aproximadamente entre 12 y 14 días después de la transferencia se realiza una prueba para determinar si existe embarazo. Si el resultado es positivo, comienzan los controles obstétricos.
Qué riesgos hay en mujeres de edad avanzada
La edad avanzada no quiere decir que un embarazo necesariamente vaya a presentar complicaciones, pero sí modifica las probabilidades.
Uno de los principales factores es la disminución de la cantidad y calidad de los óvulos. La fertilidad comienza a reducirse con la edad, al igual que la calidad de los óvulos, lo que puede dificultar la fecundación y aumentar la posibilidad de alteraciones cromosómicas y aborto espontáneo.
A su vez, presentan una mayor probabilidad de desarrollar presión arterial elevada y complicaciones relacionadas con ella. Entre ellas se encuentra la preeclampsia, un trastorno que puede afectar la salud de la madre y del bebé y requiere controles médicos durante la gestación.
Otro riesgo que aumenta es la diabetes gestacional. Se trata de una alteración de los niveles de glucosa que aparece durante el embarazo que, cuando no se trata adecuadamente, puede aumentar el peligro de crecimiento excesivo del bebé, presión arterial alta o parto prematuro.
Relacionado a esto último, los bebés concebidos mediante reproducción asistida pueden presentar un bajo peso al nacer. Este es todavía más relevante cuando se produce un embarazo múltiple.
Los medicamentos utilizados para estimular los ovarios pueden provocar, en casos poco frecuentes, el síndrome de hiperestimulación ovárica. Esta complicación provoca que los ovarios aumenten de tamaño y puede generar acumulación de líquido, dolor y distensión abdominal.
En sus formas más graves puede producir aumento rápido de peso, disminución de la cantidad de orina, náuseas, vómitos y dificultad para respirar. Si bien la mayoría de los casos son leves, algunas pacientes requieren tratamiento hospitalario.
La FIV también puede asociarse con un pequeño riesgo de embarazo ectópico, situación en la que el embrión se implanta fuera del útero, generalmente en una trompa de Falopio. Esa gestación no puede continuar normalmente y requiere atención médica.