Cada 17 de agosto, la figura de José de San Martín vuelve al centro de la escena por el aniversario de su fallecimiento. Entre las grandes gestas que marcaron su trayectoria, el Cruce de los Andes de 1817 ocupa un lugar central: fue una operación militar de enorme complejidad que permitió avanzar sobre Chile y derrotar a las fuerzas realistas.
La dimensión de la campaña puede observarse en sus números. El Ejército de los Andes estuvo integrado por 5.424 hombres y movilizó unos 10.600 mulas y 1.600 caballos para atravesar la Cordillera. La operación requirió además artillería, tropas auxiliares, zapadores y un cuerpo sanitario preparado para acompañar a las columnas.
Pero la verdadera clave de la campaña no estuvo solamente en la capacidad para atravesar montañas de más de 4.000 metros de altura. San Martín diseñó una compleja estrategia para confundir al enemigo, dividir sus fuerzas y ocultar el lugar por donde avanzaría el grueso de su ejército.
Los números detrás del Cruce de los Andes
La preparación comenzó mucho antes de que las tropas iniciaran el cruce. En el campamento de El Plumerillo, en Mendoza, San Martín organizó y entrenó a un ejército preparado para una campaña que debía desarrollarse en condiciones extremas.
La fuerza incluía unos 3.000 soldados de infantería, 742 integrantes de caballería, 258 artilleros y 1.200 milicianos y auxiliares. A ellos se sumaban 120 zapadores o barreteros y alrededor de 50 integrantes del cuerpo sanitario. El transporte representaba otro desafío. La expedición necesitaba miles de animales para trasladar soldados, armas, alimentos y municiones por senderos de montaña. De las 10.600 mulas utilizadas, unas 9.300 eran destinadas a carga.
Las condiciones de la Cordillera fueron tan duras que menos de la mitad de las mulas sobrevivió al descenso, una muestra de la magnitud del esfuerzo logístico que implicó la operación.
San Martín sabía que enfrentaba a un enemigo superior y diseñó una maniobra para dividir sus fuerzas. Seis columnas avanzaron por distintos pasos mientras el grueso del ejército ingresaba por Los Patos y Uspallata.
Qué comían los soldados durante la travesía
La alimentación también formaba parte del plan. Los soldados consumían principalmente el Valdiviano, una preparación a base de charqui, grasa, cebolla y ají que podía elaborarse con agua caliente.
El ejército también transportaba ajo y cebolla, utilizados para intentar aliviar los efectos de la altura, además de vino y aguardiente que eran administrados como parte de las provisiones de la campaña.
En una expedición de estas características, garantizar el alimento y el abrigo era tan importante como trasladar las armas. Cualquier falla logística podía comprometer el avance de miles de hombres en un territorio prácticamente inaccesible.
La estrategia secreta de San Martín para engañar a los realistas
El aspecto más sofisticado del plan fue la llamada Guerra de Zapa, una operación de inteligencia y desinformación destinada a convencer a los españoles de que el Ejército de los Andes atacaría por otros lugares.
San Martín sabía que no podía limitarse a enfrentar de manera frontal a un enemigo con fuerzas importantes. Por eso buscó generar incertidumbre sobre cuándo, dónde y con cuántos soldados se produciría la invasión.
La campaña que comenzó en enero de 1817 combinó estrategia militar, inteligencia y una logística extraordinaria. El objetivo era sorprender a las tropas españolas y abrir el camino hacia la liberación de Chile.
Uno de los protagonistas de esta estrategia fue José Antonio Álvarez Condarco, quien viajó a Santiago de Chile y luego regresó a Mendoza atravesando la Cordillera por un paso diferente. Su conocimiento del terreno permitió elaborar mapas fundamentales para la campaña.
También se utilizaron agentes y mensajes con información falsa para alimentar la confusión entre los realistas.
Seis columnas para dividir al ejército español
La maniobra se completó con la división del Ejército de los Andes en seis columnas, que avanzaron por diferentes sectores de la Cordillera.
Cuatro de ellas tenían como objetivo principal generar distracciones y obligar a los españoles a dispersar sus fuerzas. Mientras tanto, las dos columnas principales avanzaron por Los Patos y Uspallata, donde se concentraría el grueso del Ejército de los Andes.
El despliegue permitió que los realistas no pudieran determinar con precisión cuál era el verdadero punto de ataque. Cuando las autoridades españolas identificaron el objetivo principal, las fuerzas de San Martín ya habían logrado avanzar hacia el valle del Aconcagua.
Chacabuco, el resultado de una operación militar extraordinaria
La estrategia terminó de demostrar su eficacia el 12 de febrero de 1817, cuando el Ejército de los Andes derrotó a las tropas realistas en la Batalla de Chacabuco.
La victoria abrió el camino para la entrada de las fuerzas patriotas en Santiago de Chile y se convirtió en uno de los grandes triunfos militares de la campaña independentista.
El Cruce de los Andes, por lo tanto, fue mucho más que una travesía por la Cordillera. Fue una operación que combinó logística, inteligencia, espionaje, desinformación y estrategia militar para enfrentar a un enemigo superior y modificar el equilibrio de fuerzas en la región.
La dimensión de la hazaña se explica tanto por los miles de hombres y animales movilizados como por la precisión con la que San Martín logró ejecutar un plan que había comenzado a diseñar varios años antes.