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5 de enero 2012 - 10:44

Con el incremento, aparecieron los "coleros" y acopiadores de boletos

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Pese al aumento, los usuarios sostienen que seguirán utilizando el servicio.
A horas de concretarse el aumento en el valor del pasaje de subte a $ 2,50, las cabeceras del servicio se vieron colmadas de pasajeros acuciados por conseguir los últimos boletos "en oferta". Como en tantas otras oportunidades, muchos usuarios detectaron la fórmula para eludir, al menos por un tiempo, el incremento en las tarifas y se lanzaron a comprar en masa las clásicas tarjetas de cartón gris que todavía se expendían en las ventanillas a $ 1,10.

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Aunque, avisados, los vendedores tenían permitido expender un tope máximo de sólo 20 pasajes por persona, a media mañana, por la creciente presión del público el límite se había extendido hasta los 50.

Largas hileras de hasta 20 personas que alternaban malhumor, sorpresa y en algunos casos dosis de resignación fueron el escenario estable luego del aumento de 127% dispuesto por el Gobierno porteño.

Entre los usuarios las quejas apuntaban, principalmente, al modo vertiginoso en el que se implementó la suba. "Si lo hubieran hecho en forma escalonada era distinto. Te daba más tiempo para hacerte la idea y manejarte", explicó Georgina, joven vendedora de un negocio de ropa, a ámbito.com. En la misma dirección, Luis, comerciante, no ocultó su decepción por lo que considera un "maltrato" a los pasajeros.

En un comunicado, la Ciudad advirtió que "mientras el boleto de subte aumentó un 57 por ciento entre el 2001 y el 2011, la nafta súper se encareció el 360 por ciento; la leche un 496 por ciento; y los salarios según el Indec, el 398 por ciento". Pero pocos parecieron estar de acuerdo, según constató este cronista en la estación Constitución.

"¿Si todo sube subimos el subte? No es así, está mal", se quejó un mecánico veterano. Mientras tanto, al menos cinco personas hacían el trabajo de "coleros" e iban de una fila a la otra para adquirir pasajes, al igual que suele suceder en las casas de cambio para comprar dólares a precio conveniente. Una mujer se justificó: "Son para mí y para mis hijos".

El ahorro es sensible. Los 100 viajes que este jueves se pagan a $ 110 desde el viernes cotizarán a $ 250. Alguien que necesita tomar un subte de ida y otro de vuelta por día (diez boletos semanales) de esta manera viajará "subsidiado" durante dos meses y medio. Es válido aclarar que la oficina de prensa de la empresa Metrovías informó que los pasajes "no tienen vencimiento", ya que es de uso común en otros países acotar su período de vigencia cuando se dispone un aumento tarifario.

Pero no sería de extrañar que durante los próximos días los acopiadores de boletos ofrezcan su mercancía en reventa. Debido a la magnitud del incremento, la amplia brecha entre el antiguo precio y el nuevo permitirá embolsar ganancias de hasta 100%: invirtiendo $ 330 (300 viajes a $ 1,10) la venta (300 viajes en "promoción" a $ 2 cada uno contra los $ 2.50 oficiales) generará $ 600, es decir, una ganancia neta de $ 270, relató a ámbito.com un "colero".

Alejados de la especulación, dos jóvenes estudiantes fueron algunas de las voces discordantes en medio del desagrado general. Ariel se mostró de acuerdo con la medida "si el servicio va a ser mejor". Lucas relató la experiencia de su hermano que vive en Londres: "Allá tenés un pase por una semana que te cuesta 40 libras, si hacés la cuenta dos pesos con cincuenta sigue siendo barato".

La cuenta arroja que, a siete libras por peso, el usuario británico desembolsa $ 280 por semana. Pero la simplificación siempre es riesgosa: esta semana, la campaña publicitaria "Más por menos" del metro de Madrid, que comparaba su "baja tarifa" con las demás capitales de Europa, debió ser retirada tras desatar una furiosa polémica y una campaña en Twitter que la ridiculizaba. "¿Por qué no comparan los salarios mínimos?" fue uno de los grafittis más estampados por los españoles sobre los afiches.

En la comparación con la actualidad europea, Damián, profesor de 45 años, se asemejaba más a un "indignado". "Esto crea violencia. Es como si yo vengo y te digo 'dame la ropa' y te tenés que ir desnudo. Además lo anuncian de un día para el otro y si no te gusta te la tenés que bancar", protestó. Sin embargo, como la mayoría de los consultados, no tiene planeado cambiar el subte por otro medio de transporte, ya que realizar el mismo trayecto le demandaría más tiempo. Ante el hecho casi consumado, la bronca contenida, la sorpresa y la resignación parecían resumirse en su frase de despedida: -Lo voy a seguir tomando, ¿qué querés que haga?

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