La Inteligencia Artificial generó nuevas posibilidades para escribir, investigar y editar textos, pero también planteó un problema difícil de resolver para la industria cultural, determinar hasta qué punto una creación es humana cuando intervienen las diversas herramientas generativas.
Eso golpeó a Jerry Adedayo Falade, un estudiante nigeriano que en cuestión de horas pasó de conseguir uno de los acuerdos editoriales más importantes para un autor debutante a perder representantes y negociaciones. El motivo fue una sospecha sobre el uso de IA en su novela, algo que él negó.
La inteligencia artificial volvió a quedar en el centro de la polémica.
Gentileza - Ig: @jerry_falade
Quién es Jerry Adedayo Falade y cómo logró la mayor venta editorial para un autor inédito
Falade es un estudiante nigeriano de posgrado en la Universidad Metodista del Sur, en Dallas, Estados Unidos. Con menos de 30 años, consiguió llamar la atención de algunas de las principales editoriales del mercado con su primera novela policial. El libro, titulado “Llámame, esconderé el cuerpo”, llegó a una puja en la que participaron 14 editoriales estadounidenses interesadas en adquirir sus derechos.
Finalmente, Macmillan, a través de su sello Minotaur Books, se quedó con la negociación a través de un acuerdo por dos libros superior a u$s2,4 millones. La operación fue gestionada por el agente Marc Gerald, de Europa Content. El interés no se limitó a Estados Unidos, ya que en Reino Unido, HarperCollins adquirió los derechos gracias a otro acuerdo de seis cifras gestionado por la agente Sandy Hodgman.
La historia se desarrolla en Lagos, Nigeria, y tiene como protagonista a un estudiante de química que limpia escenas del crimen, elimina cadáveres y altera pruebas. Todo parecía apuntar a convertir a Falade en una de las nuevas figuras del mercado editorial internacional.
Las editoriales revisan cada vez más el origen de los manuscritos.
Gentileza - Ig: @jerry_falade
El uso de IA en la literatura: la sospecha que canceló contratos millonarios
La suerte de Falade cambió el 29 de julio, cuando los agentes retiraron el manuscrito de las negociaciones y terminaron su relación profesional con él. Según la información difundida por Publishers Weekly, surgieron dudas durante un proceso de validación sobre si la novela había sido escrita íntegramente por una persona. Los representantes comunicaron que no podían corroborar ese punto, aunque no se hizo pública una prueba definitiva que demostrara que el manuscrito fue generado con inteligencia artificial.
Falade sostuvo que las oportunidades desaparecieron apenas seis horas después de que comenzaran los rumores. Según su versión, perdió acuerdos en Estados Unidos y Reino Unido, además de posibles traducciones y adaptaciones cinematográficas, antes de poder explicar cómo había trabajado.
El escritor negó haber generado la novela con IA y afirmó que solamente recurrió a estas herramientas para investigar cuestiones forenses. También cuestionó la posibilidad de que el manuscrito hubiera sido sometido a un detector automatizado sin su autorización.
La metodología usada para detectar una eventual intervención tecnológica tampoco quedó clara, por lo que una de las hipótesis apuntó a Pangram, un software destinado a identificar textos generados por IA. De todas formas, también se planteó la posibilidad de que las inconsistencias fueran advertidas directamente por un lector profesional. El caso dejó la duda de cuánto uso de IA puede aceptar una editorial dentro del proceso creativo y cómo demostrar de manera confiable que un texto fue escrito por una persona.
El conflicto abrió nuevas dudas sobre autoría y derechos.
Gentileza - Ig: @jerry_falade
Los límites del derecho de autor y el debate por la detección de textos generados por IA
La discusión excede la reputación de un escritor, ya que para las editoriales, determinar el origen de una obra también puede tener consecuencias sobre los derechos de autor que están comprando. Según la legislación estadounidense citada en torno al caso, los contenidos generados exclusivamente con inteligencia artificial no reciben la misma protección que una creación humana.
Esto podría convertirse en un problema para una editorial que paga millones por una novela y después descubre que no tiene los derechos exclusivos sobre una parte relevante del material. La misma dificultad alcanzaría a eventuales adaptaciones para cine o televisión. También está el riesgo de que un sistema generativo reproduzca fragmentos de trabajos protegidos dentro de un texto nuevo, ya que en esos casos podrían aparecer reclamos y conflictos legales posteriores.
El otro frente está en los propios detectores, ya que estas herramientas no ofrecen certeza absoluta y pueden identificar erróneamente como artificial un texto escrito por una persona. Al mismo tiempo, introducir manuscritos inéditos en determinados sistemas también genera inquietudes sobre la privacidad y el uso posterior de esas obras.
El episodio de Falade terminó convertido en un caso inédito para una industria que todavía intenta establecer sus reglas. Hasta ahora, existe una acusación y contratos cancelados, pero no una confirmación pública concluyente de que su novela haya sido generada mediante IA.