La Aduana secuestró en la Terminal Exolgan del puerto de Buenos Aires, un contenedor, proveniente de Filipinas, con cinco toneladas de especies en extinción; entre las que se hallaron 1.500 piezas de corales, caracoles y otros géneros, protegidos internacionalmente y que una red de coraleros - traficantes de corales - pretendía ingresar a la Argentina.
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Esta importación que había sido declarada en forma irregular como productos manufactureros, valvas y caparazones marinos - cuyo destino final era la ciudad de Mar del Plata - fue interceptada y desarticulada con éxito, por la aplicación de matrices de riesgo que emplea, diariamente, la Aduana, para el comercio exterior.
Según los especialistas aduaneros, el valor de esta mercadería - cuyo comercio está estrictamente regulado - resulta inestimable y su tasación se hace inviable porque su venta se iba a realizar en el mercado negro, que para cotizar estos productos, utiliza dos variables esenciales; oferta y demanda y la envergadura de las organizaciones marginales que se encargan de su tráfico internacional ilícito
Cabe consignar que la importación de estas especies, se encuentra sujeta, en nuestro país, a una autorización previa de la Dirección de Fauna Silvestre. Esta disposición responde a la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies en Peligro de Extinción de Flora y Fauna (CITES), a la cual, la República Argentina, adhirió, mediante la Ley 22.344.
Las especies de arrecife listadas dentro de CITES incluyen a 2.000 especies de corales duros, corales negros, almejas gigantes, caracol reina, caballitos de mar y tortugas marinas y su mandato es el de proteger a las distintas especies de la sobreexplotación del comercio internacional. De acuerdo a los datos de CITES (sobre exportaciones permitidas), los mayores proveedores de coral vivo son Indonesia, Fiji y las Islas Solomon: los más importantes vendedores de roca viva son Fiji e Indonesia y los que concentran el mercado internacional de coral precioso - trabajado para adornos y joyería - son Hong Kong, Corea y Taiwán.
Asimismo, los corales son comercializados en numerosos mercados internacionales para ser usados como artesanías, para la elaboración de medicinas tradicionales, materiales de construcción, ornamentos marinos vivos, y roca viva.
Las autoridades de la Aduana, evalúan propiciar, eventualmente, la donación de esta mercadería, a museos o entidades de protección del medio ambiente, a los fines de su preservación.
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