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11 de abril 2006 - 00:00

Detuvieron al capo máximo de la Cosa Nostra, prófugo desde hace 42 años

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El misterioso "capo máximo" de Cosa Nostra, Bernardo Provenzano, prófugo desde hace 42 años, dejó de ser un fantasma para el mundo tras la detención este martes en su pueblo de Corleone, en Sicilia (sur de Italia).

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Nacido el 31 de enero del 1933, el llamado "jefe de jefes" de la mafia siciliana tenía un aspecto desconocido tanto para sus leales anfitriones como para sus ancestrales enemigos.

La única fotografía del jefe mafioso que tenía la policía era de 1958, cuando era un joven "capo" del pueblo de Corleone. Esta sirvió de base a la policía para trazar en 1996 un primer retrato computarizado, que muestra a un hombre de nariz ancha, frente elevada y ojos pequeños.

Gracias a las revelaciones de un arrepentido de la mafia, Nino Giuffré, quien fue por años su mano derecha y se reunió con él en numerosas ocasiones, el retrato del hombre que dirigió la sangrienta guerra contra el Estado en los años 90 fue actualizado a pedido de los magistrados de Palermo, la capital de Sicilia, no muy lejos de la legendaria Corleone.

El nuevo retrato reveló a un hombre envejecido, canoso y enfermo. Luego fue retocado luego gracias a la colaboración de los médicos y enfermeras que lo atendieron en 2003 en Marsella (sur de Francia), cuando fue operado de la próstata en una clínica bajo otra identidad.

Aunque prácticamente todos sus cómplices han sido capturados, se cree que Provenzano siguió manejando las actividades de la organización criminal con el fin de transformar a la Cosa Nostra en algo mucho más secreto y difícil de combatir.

El enemigo número uno de Italia, apodado "El Tractor" a fuerza de arrasar vidas ajenas y que ordenó hacer desaparecer a sus enemigos sumergiéndolos en ácido, fue espiado por años y las grabaciones de su voz revelaron su fuerte acento y dialecto siciliano, un tono siempre tranquilo que suscitaba respeto en sus interlocutores.

En las 54 cartas de Provenzano secuestradas en el 2002, destinadas a sus cómplices que lo ayudaban a administrar los negocios turbios de la organización, escritas con un lenguaje modesto dado sus pocos estudios, sorprenden sus referencias a Dios y los negocios y la manera elegante de mandar.

Invisible y camaleónico, el heredero de Toto Riina, el jefe supremo de la organización en los años 80, adquirió rango de padrino a fuerza de matanzas y probablemente no podrá expiar sus centenarias condenas dada su edad avanzada y su estado de salud.

El anciano siciliano, que ha visto en pocas ocasiones a su esposa y a sus dos hijos, tendrá que confiar ahora en su hijo, graduado en "lenguas y cultura moderna" por la Universidad de Palermo.

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