El 20 de julio se celebra el Día del Amigo en Argentina, una fecha que homenajea uno de los vínculos más importantes de la vida y que cada año reúne a millones de personas en encuentros, comidas y saludos.
La propuesta fue impulsada por el odontólogo argentino Enrique Ernesto Febbraro, quien tomó como inspiración la llegada del hombre a la Luna en 1969.
Muchas personas aprovechan la fecha para reencontrarse con amigos que hace tiempo no ven y hacer un plan divertido.
El 20 de julio se celebra el Día del Amigo en Argentina, una fecha que homenajea uno de los vínculos más importantes de la vida y que cada año reúne a millones de personas en encuentros, comidas y saludos.
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Su origen está directamente relacionado con la llegada del hombre a la Luna en 1969, un acontecimiento que inspiró al odontólogo y profesor argentino Enrique Ernesto Febbraro a proponer una jornada que celebrara la amistad como un símbolo de unión entre las personas.
El origen del Día del Amigo en Argentina está ligado a uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX: la llegada del hombre a la Luna.
El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 de la NASA logró el primer alunizaje tripulado de la historia y permitió que el astronauta Neil Armstrong se convirtiera en la primera persona en caminar sobre la superficie lunar, acompañado por Buzz Aldrin, mientras Michael Collins permanecía a bordo del módulo de mando.
Aunque se trató de una misión científica, para muchas personas también representó la capacidad de trabajar en equipo para alcanzar un objetivo que parecía imposible.
Esa interpretación fue la que tuvo Enrique Ernesto Febbraro, un odontólogo, profesor y filósofo argentino nacido en 1924 en Lomas de Zamora. Él entendió que ese logro era un triunfo compartido por toda la humanidad y decidió impulsar la creación de una fecha que celebrara la amistad.
Para difundir su propuesta escribió cerca de 1.000 cartas dirigidas a referentes globales, gracias a sus contactos del Rotary Club. En ellas explicaba que la llegada del hombre a la Luna había sido "un gesto de amistad de la humanidad hacia el universo"; otra de las frases fue "un pueblo de amigos es una nación imbatible".
La iniciativa tuvo una gran repercusión y recibió más de 700 respuestas favorables desde distintos lugares del mundo. Después de una década, el gobierno de la provincia de Buenos Aires aprobó la propuesta y estableció la jornada como el 20 de julio como el Día del Amigo. Luego, fue adoptada por Brasil, Uruguay y Chile, además de tener reconocimiento en algunas ciudades de España.
En 1983, declararon al partido de Lomas de Zamora como la "capital provincial de la amistad". La figura de Enrique Ernesto Febbraro quedó para siempre asociada a esta celebración. A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos por su propuesta, entre ellos la declaración como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1989 y Ciudadano Ilustre de Miami en 1993, la distinción de Mayor Notable Argentino por la Cámara de Diputados de la Nación en 2003, el Paul Harris del Rotary International y dos nominaciones al Premio Nobel de la Paz.
Como cada 20 de julio cae en plena temporada invernal, muchas de las propuestas se desarrollan en lugares cerrados. Uno de los planes más elegidos es organizar un almuerzo o una cena. Las reuniones en restaurantes, pizzerías y cervecerías suelen ser la opción favorita para compartir varias horas de charla y celebrar con un brindis.
Debido a la alta demanda que genera la fecha, varios locales trabajan con reservas anticipadas y ofrecen menús especiales para grupos.
Otra alternativa muy popular es realizar un asado o merienda en una casa, ya que permite compartir un encuentro más relajado, cocinar entre todos y extender la reunión durante toda la tarde o la noche. Quienes buscan una salida diferente suelen optar por ir al cine, al teatro o a un recital.
Las escapadas de un día son otra posibilidad para quienes desean salir de la rutina. Visitar una localidad cercana, organizar una jornada de campo o pasar la tarde en una estancia son opciones que permiten combinar descanso y tiempo compartido.
Para los grupos más activos, las actividades al aire libre son una buena elección cuando el clima acompaña. Caminatas, paseos en bicicleta, picnics en plazas o parques y jornadas deportivas, como partidos de fútbol, pádel o vóley, ofrecen una forma distinta de celebrar. En los últimos años también crecieron los encuentros en salas de escape, boliches, karaokes y espacios de juegos.