21 de abril 2005 - 00:00

¿El Papa Benedicto o Benito?

Hubo una época en la que a nadie le sonaba mal leer Guillermo Shakespeare, Juan Goethe o Luis Beethoven. En esa época, principios del siglo XX, se españolizaba todo. Si hoy viviéramos esos años, el nuevo Santo Padre sería Benito XVI y no Benedicto XVI.

Mal que les pese a las Academias, la práctica de una lengua y no la lógica es la única que fija las normas. Porque, con el mismo criterio, a Juan Pablo II debió decírsele Iohannes Paulus II si se hubiera aplicado la costumbre de llamar al Santo Padre por su nombre en latín, como en estas horas se hace con Benedictus XVI.

El Santoral es muy claro: Benedicto, cuyo onomástico se celebra el 8 de mayo, es un nombre que presenta diversas formas según los países y las épocas. Se originó en el cristianismo en la Edad Media, debido especialmente al fundador de la orden benedictina (de Benedictus), que tuvo un papel muy importante en la Iglesia. Fue tomado este nombre del latín Benedictus, que si bien admite la forma Benedicto en español, su forma contracta Benito es más popular. Significa « bendito».

En la Argentina, por ejemplo, el Papa Paulus VI fue siempre Paulo VI y no Pablo VI, como siempre se lo llamó en España. En italiano, la práctica ha hecho coexistir siempre ambas formas: el dictador fue Benito Mussolini y el pensador Benedetto Croce. El Pontífice es ahora Benedetto XVI.

Algunos países hispanohablantes, como Chile y Honduras, llamaron Benito XV al Papa que reinó en los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Pero, con toda seguridad, la globalización lingüística hoy impondrá para todos la forma Benedicto. Como Benito XVI hay sólo 15 ocurrencias en el Google, contra 103.000 de Benedicto.

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